Lanzó Hizbollah violenta sublevación en el Líbano

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Beirut (EFE, Reuters, AFP, ANSA) - La oposición al gobierno moderado del Líbano, liderada por el grupo chiita Hizbollah -aliado de Irán y Siria-, logró paralizar ayer el país en una jornada de huelga general marcada por violentos enfrentamientos que dejaron al menos 4 muertos y 133 heridos y que lo acercaron peligrosamente a la guerra civil.

Sin embargo, la cadena de TV local LBC hablaba anoche de por lo menos 5 muertos -tres en Trípoli, uno en Halba y otro en Batrun-, sin informar de la filiación política de los mismos.

El primer ministro sunnita, Fuad Siniora, que es apoyado por Occidente y cuya caída buscan las fuerzas opositoras prosirias, advirtió que «el gobierno no aceptará que se atente contra el orden público ni actos que nos recuerdan la guerra civil y el período de tutela (siria) en el Líbano».

Siniora, que ante la gravedad de los hechos debió suspender un viaje a París -donde una conferencia internacional tratará la crisis libanesa-, aseguró que, pese a todo, mantiene «la mano tendida para llegar, a través del diálogo, a una solución de la crisis que dura desde hace dos meses».

«El gobierno está abierto a la reanudación de la mediación árabe, que pide y desea», añadió.

Tras esas declaraciones, y en medio de la fuerte preocupación de Estados Unidos, la Unión Europea y el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, la oposición decidió suspender el paro general.

  • Repudio

    Desde el 1 de diciembre de 2006, la oposición ha protagonizado manifestaciones en Beirut para forzar la caída de Siniora y en repudio a su apoyo a la creación de un tribunal internacional que investigue la pista siria en el asesinato del ex premier Rafic Hariri, perpetrado el 14 de febrero de 2005. El escándalo internacional que siguió a ese crimen forzó la salida de las tropas sirias del Líbano, después de 29 años de ocupación.

    El golpe más espectacular de los huelguistas fue ayer con el bloqueo parcial del aeropuerto de Beirut, el único internacional del país.

    Varias de sus vías de acceso estuvieron bloqueadas por barricadas y al menos 34 vuelos tuvieron que ser suspendidos.

    El ejército y la policía, desplegados desde la noche del lunes de modo masivo, dejaron a los manifestantes actuar, actitud que fue duramente criticada por los partidos pro gubernamentales, que calificaron lo sucedido de «golpe de Estado».

    «La autoridad no hizo su deber y defendió a los manifestantes en lugar de despejar las rutas y proteger a los ciudadanos que querían trabajar», afirmó el líder cristiano Samir Geagea, jefe de las derechistas Fuerzas Libanesas. Según éste, «lo que está sucediendo nada tiene que ver con la democracia y la libertad. Quieren transformar su movimiento en un golpe de Estado», dijo a la televisión LBC.

  • Detenciones

    Ante las crecientes protestas, las fuerzas de seguridad comenzaron a abrir las rutas más tardey a interponerse entre los grupos de oficialistas y opositores, disparando muchas veces al aire para separarlos. También detuvieron a varias personas por disturbios, según mostraron las televisiones locales, sin precisar el número.

    Desde las primeras horas del día, miles de partidarios de la oposición -que reúne a Hizbollah y a sectores chiitas y hasta cristianos- bloquearon varias de las principales rutas con neumáticos, coches y ramas de árbol quemados, así como con aceite y clavos o, directamente, acostándose en medio de la calzada. El cielo se veía ennegrecido en numerosos lugares de la ciudad por la quema de los neumáticos y otros objetos.

    Estos bloqueos iniciales fueron la causa de los primeros disturbios con los simpatizantes de la mayoría parlamentaria antisiria, que querían trasladarse a su lugar de trabajo respondiendo al llamamiento de sus líderes, quienes habían pedido considerar el día de ayer como «normal» y ser más «productivos y eficaces» para ayudar al resurgimiento del país.

  • Enfrentamientos

    Varios incidentes se produjeron entre grupos rivales, que se enfrentaron con armas de fuego y hasta con piedras en varias ocasiones.

    La mayoría de los comercios de Beirut y de otras ciudades tampoco pudieron abrir sus puertas, aunque muchos de ellos habían anunciado que no se sumarían a la huelga. Sólo algunos bancos lo hicieron en algunas regiones, mientras que los colegios, que en un principio habían llamado a un día normal, enviaron mensajes a través de teléfonos móviles anunciando la suspensión de las clases.
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