El papa León XIV construyó buena parte de su identidad religiosa y de su compromiso social durante los casi 20 años que vivió en Perú antes de llegar al Vaticano. Bajo el nombre de Robert Prevost, acompañó a comunidades pobres, atravesó períodos de violencia política y tomó posición frente a los abusos de poder y el cuidado del medioambiente.
"Amo mucho al Perú, al pueblo peruano, por lo que eso es parte de lo que soy", expresó el pontífice estadounidense, nacionalizado peruano, durante una entrevista con la periodista Elise Ann Allen, autora de una biografía sobre su vida. Su recorrido por el país sudamericano estuvo marcado por distintas etapas, desde sus primeros años como misionero hasta su nombramiento como obispo de Chiclayo.
Sus primeros años como misionero en Piura
Prevost llegó a Perú en 1985, cuando tenía alrededor de 30 años, enviado por la orden agustina. Su primera misión fue colaborar con la transformación de la pequeña prelatura de Chulucanas en diócesis, una localidad del departamento de Piura, en el norte del país, atravesada por profundas condiciones de pobreza.
Allí comenzó a ser conocido como "padre Roberto", una adaptación de su nombre que surgió del vínculo con los habitantes de la zona. Sin embargo, su llegada también estuvo marcada por problemas de salud. Apenas dos meses después de instalarse, contrajo fiebre tifoidea y debió ser hospitalizado por primera vez en su vida.
El pontífice llegó por primera vez al país sudamericano en 1985 como misionero de la orden agustina.
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La experiencia peruana modificó su manera de comprender las desigualdades sociales. La teóloga Véronique Lecaros, autora de un libro sobre su paso por el país, explicó a la AFP que "su acercamiento a la pobreza hubiese sido distinto sin conocer Perú y meter los pies en el barro, porque no es igual en Estados Unidos".
En 1986 regresó a su país natal, donde asumió responsabilidades vinculadas con las vocaciones y las misiones de la orden agustina.
Trujillo y los años de violencia de Sendero Luminoso
Dos años después, en 1988, Prevost volvió a Perú y se instaló en Trujillo, una ciudad agroindustrial ubicada a unos 550 kilómetros al norte de Lima. Permaneció allí hasta 1999, en lo que sería su estadía más extensa en el territorio peruano.
Durante ese período estuvo a cargo de la formación de religiosos agustinos, dio clases en un seminario, se desempeñó como párroco y asumió responsabilidades en el tribunal eclesiástico de la diócesis.
Su trabajo coincidió con uno de los momentos más violentos de la historia reciente del país, atravesado por los ataques de Sendero Luminoso, la organización guerrillera maoísta responsable de atentados y masacres. En agosto de 1991, el grupo asesinó a tres sacerdotes extranjeros, dos polacos y un italiano, en la región de Áncash.
Durante su paso por Trujillo, permaneció al lado de las comunidades en medio de la violencia de Sendero Luminoso.
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Ante el peligro, la orden agustina recomendó que los frailes extranjeros abandonaran el país. A Prevost incluso le ofrecieron protección personal, pero decidió quedarse: "Les dije que no. No parezco el típico gringo, tengo la tez un poco más oscura", recordó el pontífice en una entrevista con Allen en 2025. Y agregó: "Era muy importante permanecer al lado de las personas a las que servíamos".
En 1999 regresó a Estados Unidos para convertirse en jefe de los agustinos en Chicago.
Chiclayo, su regreso a Perú y el compromiso social
Después de 15 años fuera del país, Prevost volvió a Perú en noviembre de 2014, cuando el papa Francisco lo nombró administrador apostólico de Chiclayo y lo elevó al rango de obispo. Asumió formalmente esa diócesis en 2015, año en el que también obtuvo la nacionalidad peruana.
Uno de sus primeros compromisos fue participar de la misa de beatificación de los tres sacerdotes asesinados por Sendero Luminoso en 1991, reconocidos por la Iglesia como mártires del catolicismo.
Durante su gestión impulsó una Comisión de Ecología Integral, vinculada con la encíclica Laudato Si de Francisco, que promueve el cuidado del planeta y cuestiona los efectos del consumismo.
También intervino en debates políticos. En 2017 pidió al expresidente Alberto Fujimori, condenado y encarcelado por violaciones a los derechos humanos, que solicitara "perdón personalmente" a las víctimas.
Antes de llegar al Vaticano, Prevost estuvo al frente de la diócesis de Chiclayo durante varios años.
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En 2023, cuando Perú atravesaba una profunda crisis política y social, defendió el derecho a la protesta. Las manifestaciones antigubernamentales habían dejado alrededor de medio centenar de civiles muertos.
Ese mismo año visitó una zona afectada por inundaciones provocadas por lluvias extremas. Desde allí grabó un video con botas y camisa corta, mientras caminaba con el agua hasta los tobillos entre viviendas dañadas. En el mensaje, convocó a la población a colaborar con los damnificados.
En abril de 2023 dejó Perú para trasladarse a Roma, donde asumió la conducción del Dicasterio para los Obispos, organismo encargado de participar en la selección de autoridades eclesiásticas. Años después, su trayectoria lo llevaría al papado, con una historia personal y religiosa profundamente ligada al país sudamericano.