22 de mayo 2011 - 20:26

Los "Indignados" permanecerán una semana más en la Puerta del Sol

Los Indignados permanecerán una semana más en la Puerta del Sol
Los indignados concentrados en la madrileña Puerta del Sol decidieron hoy en asamblea que seguirán movilizados como mínimo una semana más después de las elecciones, en reclamo de un cambio político y social en España.

Aquí comienza la revolución, clamaron los manifestantes tras la votación. La propuesta inicial era permanecer de forma indefinida pero la asamblea general terminó votando que era mejor limitar los tiempos a una semana y volver a tomar una decisión el próximo domingo, explicó Ana, una de portavoces del autodenominado movimiento Toma la Plaza.

Mientras miles de españoles votaron en elecciones autonómicas y municipales, la joven manifestante subraya que las reivindicaciones de este movimiento social "van más allá de las urnas.

Todavía tenemos que trabajar para extender el movimiento a los barrios y concretar objetivos a través de las comisiones para conseguir que el cambio social verdadero", agregó.

Según explicó la portavoz, el sábado, volverán a votar las asambleas de los barrios, y el domingo ésta propuesta se llevarán a Sol para votar las que son mayoritarias. Hay gente que está de acuerdo con quedarse aquí de forma indefinida y otros que no, que ya están cansados".

Lo importante es que hay puntos comunes, en los que se está avanzando, como pedir una reforma electoral, en educación, mejoras en vivienda y sanidad, indicó.

La idea es que este movimiento no pare, o no tendrían ningún sentido. El apoyo de los vecinos ha sido increíble, llevamos aquí una semana y no podemos dar un paso atrás, insiste.

El movimiento, impulsado mayoritariamente por jóvenes, nació de forma espontánea como una reacción social en medio de la crisis económica que ya dejó casi 5 millones de desocupados en España.

El objetivo señalan- es reivindicar una sociedad nueva que de prioridad a las personas por encima de los intereses económicos y políticos. En definitiva, un cambio en la sociedad y en la conciencia social.

Pretenden acabar con el bipartidismo de los dos grandes de España, el gobernante Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el opositor Partido Popular (PP), así como elaborar una ley de ética que no permita que los corruptos presentarse en elecciones. También se quiere avanzar hacia la III República.

Fue bautizado como Movimiento de los indignados o Movimiento 15-M, por el día en que comenzaron las protestas convocadas por la plataforma Democracia real ya, pero ya dejó atrás este marco de organización y se convirtió en un fenómeno mucho más amplio.

No solo creció en cuanto a la gente sino en heterogeneidad. A los jóvenes se sumaron desocupados, trabajadores precarios, profesores, empleados públicos, jubilados, y muchos ciudadanos indignados por la situación de crisis que están viviendo y de la que no son responsables.

Los indignados adquirieron fuerza con el correr de los días y no solo se extendieron a lo largo y ancho del país, donde tomaron las plazas más emblemáticas de España, con Barcelona como otro de los centros de lucha, sino que también traspasaron fronteras.
Sydney, Italia, Canadá, México, Suecia, Grecia, Países Bajos, Buenos Aires, Chile, Berlín, Estados Unidos, Londres, París, entre otros, se sumaron a la protesta, recordó hoy una manifestante. Viva la revolución, exclamó a continuación.

La prohibición de la Junta Electoral central de celebrar concentraciones durante la jornada electoral y el día de los comicios no hizo más que funcionar como un imán. El sábado, decenas de miles de personas tomaron las calles en una atípica jornada de reflexión activa y sensibilización social.

Uno de los temas claves es afianzar el movimiento y que esté coordinado en todo el Estado español, algo que no es una tarea sencilla.

La Acampada de Barcelona, por ejemplo, votó anoche continuar con la movilización hasta el 15 de junio, fecha en la que convocaron una gran manifestación.

En cada asamblea de cada ciudad se votan las propuestas que surgen en las comisiones y, aunque intentan que haya puntos en común, finalmente,en democracia real, deciden los ciudadanos que participan, afirmaba Gerard, un manifestante que participa de la acampada en la Plaza Catalunya.

Por ahora, los manifestantes lograron ganarle el pulso al gobierno, ya que su fuerza numérica y moral impidió que fueran desalojados después de la Junta Electoral Central prohibiera concentraciones el sábado y domingo, día de reflexión y de jornada electoral.

Una vez concluidas las elecciones, los indignados se enfrentan a una nueva prueba de fuego, puesto que deberán encontrar mecanismos, más allá de las acampadas, para el que el movimiento no decaiga y siga sumando adeptos.

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