Los optimistas tendrán que esperar un tiempo
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Del lado israelí, pesó el avance decidido de Ariel Sharon para desmantelar colonias en Gaza y el aparente freno a la creación de nuevos asentamientos. Lo primero es, quizás, la decisión más importante desde los acuerdos de Oslo.
En este punto conviene recordar algunos de los principales temas pendientes de la relación entre ambas partes, que permiten inferir que una solución efectiva hacia la paz todavía está en pañales.
• De la paupérrima Franja de Gaza se deberán ir unos 8.400 israelíes este año. Muy pocos en comparación con los 180.000 que viven en colonias en Cisjordania, el más grande de los territorios palestinos. No hay noticias concretas sobre su mudanza.
• Jerusalén es sagrada para ambas partes, que niegan la más mínima posibilidad de ceder pretensiones sobre su soberanía. Lejos de ello, Israel avanzó recientemente sobre un plan para confiscar tierras en Jerusalén Oriental, habitada por palestinos, un proyecto que la Casa Blanca ordenó revisar.
• El serpenteante trazado del muro de separación penetra en territorio de Cisjordania. Es impensable un Estado palestino entre esas sinuosas paredes.
• El agua, recurso escaso, deberá entrar inexorablemente en un proceso de negociación.
• Aunque es imposible de concretar, Mazen indicó recientemente que no resignará el pretendido derecho de retorno de unos 4,5 millones de palestinos a la actual tierra israelí. Si retornaran, se daría el absurdo de que en Israel vivirían casi tantos palestinos como israelíes.
Por si lo descripto arriba fuera una tarea menor, lo peor es que la firma del cese el fuego de ayer fue rápidamente condicionada por la efervescente organización Hamas, el movimiento radical islamista que aporta gran parte de los atentados suicidas.



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