Lula dijo que no intervendrá en la formación del futuro gabinete
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Lula Da Silva junto a su futura sucesora, Dilma Rousseff.
"Sería una temeridad pensar ahora" en volver a ser candidato a la presidencia en 2014, porque "quien sale del gobierno como yo voy a salir", el 1 de enero, "tiene la responsabilidad de contar hasta un millón antes de decidir", manifestó el mandatario quien se retira con más de 80 por ciento de imagen positiva.
En cuanto al período de transición hasta la asunción de Rousseff, Lula negó que vaya aplicar medidas antipopulares relacionadas con la sobrevaluación del real pero reiteró hará todo lo necesario para impedir una devaluación excesiva de la moneda estadounidense, dentro de la llamada "guerra cambiaria".
"Vamos a tomar todas las medidas para que nuestra moneda no sea sobrevalorizada", indicó y subrayó: "Lo único que sabemos es que queremos un cambio flotante, pero Estados Unidos y China están promoviendo una guerra cambiaria. Estados Unidos porque quiere resolver su problema y China porque tiene su moneda muy desvalorizada".
El presidente adelantó que para enfrentar esas pretensiones de las dos principales potencias mundiales, la semana entrante asistirá en Seúl a la Cumbre del G-20, a la que irá acompañado por Rousseff, y sentenció que "si hasta ahora peleaban con Lula, ahora tendrán que hacerlo con Lula y con Dilma".
Al respecto, la futura presidenta, economista de profesión, sostuvo que "todos los países, menos China y Estados Unidos, perciben que hay una guerra cambiaria" mundial y ese tipo de conflicto no tiene "solución individual, nunca la hubo en la historia", apuntó Rousseff.
Rousseff consideró riesgoso iniciar un proceso en el cual cada país realiza "una política de devaluación competitiva de las monedas" y recordó que la última vez que ocurrió algo similar llevó a la Segunda Guerra Mundial.
Por otra parte, se comprometió a dar continuidad a la política externa de Lula, lo que conlleva la prioridad a las relaciones con los países latinoamericanos y la participación en foros multilaterales como el G-20, o de países en vías de desarrollo tales como el BRIC, junto a Rusia, China e India.
En ese sentido, Rousseff afirmó que proseguirá el acercamiento y la cooperación con países en vías de desarrollo, pues Brasil "progresivamente se está tornando una potencia regional".
A nivel doméstico, Rousseff admitió la posibilidad de que se acuerde un aumento del salario mínimo a 570 reales, equivalentes a 335 dólares, para lo cual habrá que introducir modificaciones al Presupuesto de la Unión, que está siendo tratado en el Congreso.
El martes la mandataria electa insistió en que reasignará recursos a la Bolsa de Familia, un programa de distribución de la riqueza lanzado por Lula, y que llevará adelante reformas políticas y tributarias.
El jefe del Estado no dejó pasar la oportunidad para referirse a la oposición, a la que pidió que sostenga posiciones ante la próxima gestión guiadas por el "interés nacional".
"Pido (a la oposición) que no le haga a Dilma lo que me hizo a mí, la política de la venganza; pueden seguir rabiosos hacia mí, pero no adopten posiciones que perjudiquen al pueblo, principalmente al pueblo más pobre", resaltó.




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