Lula jugó un partido de fútbol y marcó un gol

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El expresidente de Brasil y el cantante Chico Buarque desafiaron al equipo del Movimiento Sin Tierra. El evento fue parte de su agenda de recorrer el país contra las políticas de Jair Bolsonaro.

El expresidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva y el cantante Chico Buarque disputaron este domingo un partido de fútbol en el interior de San Pablo, en otro evento parte de la activa agenda del excarcelado líder izquierdista.

Lula, de 74 años, jugó con el 13 en la espalda en el partido que se disputó en la cancha de la escuela nacional Florestán Fernandes del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), organizador del evento, en el municipio de Guararemo.

Vestido de gris, el equipo "Amigos de Chico y Lula" se enfrentó al "Amigos del MST", el movimiento social centrado en la lucha por la tierra y que está en el punto de mira del presidente ultraderechista Jair Bolsanaro.

Antes del pitido inicial, el compositor y cantante Chico Buarque, un activo defensor del exmandatario, bromeó pidiendo a la zaga del MST "dejar a Lula Libre".

El exmandatario marcó el primer gol de su equipo de penal, igualando el marcador 1-1 en los primeros 10 minutos de juego.

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Lula dejó el campo en el minuto 16 y vio el resto del partido desde el lateral, protegiéndose del sol con un sombrero beige. Su equipo ganó 2-1, con gol de Chico Buarque.

El exalcalde de San Pablo y excandidato presidencial Fernando Haddad y el excanciller Celso Amorim formaban parte del once del líder del Partido de los Trabajadores (PT), que gobernó Brasil entre 2003 y 2016.

Joao Pedro Stédile, dirigente nacional del MST, lideró el equipo de "Amigos del MST", que incluyó mujeres en su formación.

"Vine para prestigiar a Chico y a Lula, ahora en libertad", dijo Vania de Oliveira, de 39 años, sentada en una de las dos gradas instaladas alrededor del campo de pasto natural de esta ciudad a 80 km de la capital paulista.

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Lula dejó su celda en la sede de la Policía Federal en Curitiba el 8 de noviembre, donde cumplía una condena de ocho años y 10 meses de prisión por corrupción pasiva y lavado de dinero.

El expresidente, que enfrenta otros seis procesos en la justicia y se declara inocente en todos, fue liberado tras una decisión del Supremo Tribunal Federal (STF) que impide la ejecución de sentencias antes del agotamiento de todos los recursos judiciales.

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