6 de abril 2005 - 00:00

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Fidel Castro muestra lo que acaba de escribir en el libro de condolencias abierto tras la muerte del Papa. El deceso de Juan Pablo II permite a su régimen presentar un rostro menos hostil hacia el cristianismo.
Fidel Castro muestra lo que acaba de escribir en el libro de condolencias abierto tras la muerte del Papa. El deceso de Juan Pablo II permite a su régimen presentar un rostro menos hostil hacia el cristianismo.
La Habana (AFP, EFE, ASN) - Al igual que en su histórica visita a Cuba en 1998, el papa Juan Pablo II logró distender otra vez las relaciones entre el gobierno comunista de Fidel Castro y la jerarquía católica local, unidos en estos días en tributos póstumos al Sumo Pontífice.

La presencia de Castro y numerosos funcionarios de su dictadura en la misa fúnebre celebrada la noche del lunes por el cardenal Jaime Ortega Alamino en la Catedral de La Habana marcó un paso importante en ese sentido, según diplomáticos extranjeros presentes en el servicio religioso.

El diario «Granma», órgano del Comité Central del gobernante Partido Comunista, dejó el testimonio de esa nueva aproximación al destinar tres de sus ocho páginas a ilustrar gráficamente este inusual episodio.

• Presencias anteriores

Los historiadores sólo registran una presencia anterior del mandatario cubano en un servicio religioso en la Catedral de La Habana, cuando asistió a la boda de una de sus hermanas en 1959. Su anterior asistencia a una misa católica había sido el 25 de enero de 1998 en una liturgia oficiada precisamente por Juan Pablo II en la Plaza de la Revolución, en el último día de su histórica visita a la isla.

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