Setenta y cinco años después de su apogeo político como el arquitecto del régimen que suplantó la República, Ramón Serrano Súñer murió, a punto de cumplir 102 años, víctima de los estragos del tiempo pero sin haber padecido ninguna enfermedad grave. Un logro infrecuente que bien puede deberse a su resistencia y a la fortaleza de una mente poderosa y activa.
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Nadie lo hubiera dicho en 1936, cuando escapó de la Cárcel Modelo y salió de la clínica España disfrazado de mujer con la ayuda de Gregorio Marañón. Tenía entonces 35 años, canas, aspecto delicado y padecía del estómago. Pero escondía una voluntad indomable.
Nacido en Cartagena, se trasladó a Madrid para comenzar sus estudios superiores. Allí conoció a José Antonio Primo de Rivera, y se hicieron inseparables. En Zaragoza conoció a Zita Polo, con quien se casaría. Aquella mujer discreta y exquisita era la hermana de Carmen Polo, esposa del por entonces director de la Academia Militar, Francisco Franco.
José Antonio quiso atraerlo a las filas de la Falange, pero él no se sentía «lo suficientemente revolucionario». La propuesta de repartir la tierra de los latifundios y nacionalizar la banca no lo atraía.
Cuando estalló la sublevación del '36, fue internado en la Cárcel Modelo, de donde salió por sus problemas de estómago. En la clínica España, ideó una fuga rocambolesca y consiguió escapar disfrazado hasta Alicante, donde el buque Tucumán, de la Armada argentina, lo llevó hasta Francia. Pero volvió a Salamanca y su aparición en el cuartel general de Franco cambió el panorama de los sublevados. Serrano convirtió aquel Estado campamental en uno verdadero. Se entregó a la tarea todos los minutos del día, fusionando la Falange y los requetés en un solo partido para ganar la guerra, preparando la reconstrucción y formando los primeros gobiernos. De su mano nacieron la ley de prensa que instaura la censura y el Fuero del Trabajo.
• Incómodo
Pero, cuando llegó la victoria, Serrano era un consejero incómodo para Franco. Criticaba el exceso de personalismo, el culto al caudillo y el papel creciente de la Iglesia. A pesar de que se lo pretendió involucrar en la represión, lo cierto es que no participó en esa siniestra tarea.
La incierta situación de la guerra europea, con un Führer envalentonado y victorioso, hizo que Franco lo nombrara ministro de Estado por su habilidad diplomática y sus excelentes relaciones con Mussolini. Tomado por furibundo nazi, distaba mucho de serlo. La postura de Serrano fue mantener una política de «amistad y resistencia» que consiguió sus fines. En 1942 Franco le pidió la renuncia y desde entonces su vida transcurrió entre su profesión, sus artículos en la tercera de ABC y la atención a la legión de admiradores que lo visitaba. Ramón Serrano Súñer, ex ministro, nació en Cartagena el 12 de setiembre de 1901 y falleció en Madrid el 1 de setiembre de 2003. (*) Autor del libro "Serrano Súñer: historia de una conducta".
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