El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu minimizó el riesgo de un deterioro de las relaciones con Estados Unidos ante la crisis diplomática provocada por el anuncio de un proyecto de colonización en Jerusalén Este durante una visita del vicepresidente Joe Biden.
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La prensa israelí manifestó su preocupación ante la "crisis abierta" con Estados Unidos.
Estados Unidos reaccionó enérgicamente al anuncio de un nuevo proyecto de colonización, sentido como una verdadera "humillación" por el principal aliado de Israel.
"Luego de leer los diarios, propongo que no nos dejemos arrastrar (por el pánico) y que nos tranquilicemos. Nosotros sabemos tratar este tipo de situación con sangre fría", declaró el jefe de gobierno a los periodistas al comenzar el consejo semanal de ministros en Jerusalén.
"Se trata de un error lamentable pero no intencional, que no debe producirse de nuevo. Designé una comisión de directores ministeriales a este respecto", agregó Netanyahu.
No obstante, el cotidiano Haaretz (izquierda) estimaba que "la crisis esperada desde hace tiempo entre Israel y Estados Unidos, desde que Benjamin Netanyahu asumió sus funciones de Primer ministro", en abril de 2009, había "estallado finalmente".
El jefe de gobierno "tendrá que elegir entre sus convicciones ideológicas así como su alianza con la derecha, por una parte, y la necesidad de conservar el apoyo de Estados Unidos, por la otra", agregó este diario.
Para el conjunto de la prensa israelí, este apoyo es tanto más indispensable cuanto que Israel cuenta con Washington para detener el programa nuclear iraní.
Según su entorno, Netanyahu quedó "sorprendido" por la enérgica reacción estadounidense, y esperaba que bastarían las explicaciones que dio a Biden.
El 9 de marzo, durante la visita del vicepresidente estadounidense a Israel, el ministerio del Interior anunció que había autorizado un proyecto para la construcción de 1.600 viviendas en un barrio de colonización en Jerusalén Este anexada.
Este anuncio provocó la ira de los palestinos y fue condenado por la comunidad internacional.
El viernes, la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, habló durante casi una hora con Netanyahu, y empleó palabras muy duras para condenar esta actitud "profundamente negativa" hacia Estados Unidos.
Para tratar de calmar la situación, Netanyahu presentó excusas pero sólo por el hecho de que el anuncio había sido hecho durante la visita. Afirmó que no había sido informado, alegando que se trataba de un proyecto muy antiguo cuya puesta en marcha llevaría aún varios años, pero no dio marcha atrás en su política de colonización.
El sábado contactó a la canciller alemana Angela Merkel y al jefe del gobierno italiano Silvio Berlusconi, asegurándoles que no había una "aceleración de la colonización" en Jerusalén Este.
Netanyahu también destacó que su política no difería de la de sus predecesores.
"El mundo comprende que los barrios judíos (establecidos en el este) seguirán siendo parte integrante de Israel" en todo acuerdo de paz futuro, estimó.
Mientras tanto, el ejército israelí prolongó hasta el martes el estricto cerco de Cisjordania ocupada desde el jueves a medianoche por "temor a incidentes y atentados", según un portavoz militar.
En Jerusalén, el acceso a la Explanada de las Mezquitas, el tercer lugar santo del islam, fue una vez más prohibido a los musulmanes menores 50 años por la policía israelí.
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