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Según testigos y la policía de esta ciudad de Pennsylvania, dos hombres corpulentos secuestraron a Erica el lunes por la noche en una esquina donde ésta jugaba con otros niños, llevándosela por la fuerza en un automóvil blanco, con cristales oscuros.
Poco después Barbara Pratt, la abuela de Erica, recibió llamadas telefónicas en las cuales los captores reclamaban un rescate de 150.000 dólares y amenazaban con matar a la niña.
La policía busca hoy a James Burns, de 29 años, y a Edward Johnson, de 23, considerados sospechosos del secuestro.
Según las autoridades, los secuestradores dejaron a la niña, atada, con los ojos vendados y amordazada con cinta adhesiva, en el sótano de un edificio a unos 15 kilómetros de su casa.
Durante casi 24 horas, según la policía, sólo le dieron un poco de agua.
La niña cortó con los dientes la cinta sujeta en torno a su cara, se desprendió de las ataduras de sus brazos y piernas, rompió la puerta del sótano y salió al primer piso.
Allí, rompió el cristal de una ventana y pidió auxilio.
Unos niños que jugaban en el vecindario la ayudaron a salir por la ventana rota, y uno de ellos fue con su bicicleta desde el edificio abandonado hasta donde había una patrulla policial, informaron las autoridades.
Los médicos que examinaron a Erica en el hospital, y retiraron los trozos de cinta adheridos en su cabello, dijeron que se encuentra en buenas condiciones a excepción de una abrasión de córnea en un ojo, probablemente causada por la cinta.
Erica escapó de sus captores un día después de que en Santa Ana, California, fue encausado Alejandro Avila, de 27 años, por el secuestro, violación y asesinato de Samantha Runnion, una niña de 5.
El asesinato de Samantha siguió a los secuestros de Elizabeth Smart, de 14 años, en Salt Lake City (Utah), y Jahi Turner, de 2, de San Diego (California). Ambas se encuentran aún en paradero desconocido mientras que la pequeña Danielle van Dam, de 7 años y también de San Diego, fue encontrada muerta.
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