Los economistas creen que el clima preelectoral desató un temor por la economía brasileña que estaba subyacente, pero que no se hubiera manifestado en un año “ormal” Según Mónica Baer, economista de la consultora brasileña MB Asociados, Brasil enfrenta un “eterioro de las expectativas que no se corresponde con las dificultades económicas de corto plazo” Desde el punto de vista de las variables macroeconómicas, lo que espera para fin de año es “n poco peor de lo que se imaginaba, pero no está fuera de control” sostuvo la analista para explicar que, a su juicio, el problema de Brasil es la inseguridad política y no las bases económicas. La hipótesis de Ricardo Markwald, director de la Fundación Centro de Estudios del Comercio Exterior (Funcex), es que “ace ya dos meses que Brasil está atravesando una situación de fragilidad”y ésta “e hace más evidente por la proximidad de las elecciones” La inseguridad política que se vive en Brasil tiene, según Baer, dos componentes: por un lado, la perspectiva de que Lula marque un cambio en la política económica trazada por Cardoso; por otro, la necesidad de que se emprenda un ajuste fiscal más estructural que permita retomar la senda del crecimiento económico. Es que, afirmó la analista, en Brasil “ay presiones importantes, como la fiscal, que tienen que ser resueltas en el largo plazo. Si el país quiere crecer, no puede tener tasas de interés como las actuales (la Selic de referencia es de 18,5%, y en el mercado de futuro la tasa de interés está en 23%). Para eso debe hacer un ajuste fiscal más estructural que el que emprendió hasta ahora” Con estos argumentos la economista defendió su idea de que Brasil “stá bajo control” pero el contexto político genera una fuerte inseguridad que es anticipada por los mercados. A su juicio, la intranquilidad persistirá hasta la segunda vuelta electoral. “asta ahora el PT sólo presentó directrices generales que provocaron nerviosismo, ya que hubo muchas versiones distintas” señaló. “or lo menos lo que el mercado necesita saber es qué va a hacer el candidato de la oposición y cómo lo va a hacer” aunque, reflexionó la analista, “l mercado es muy cruel, porque le pide un programa a Lula pero no se lo pide a Serra” Por otro lado, la situación macroeconómica de Brasil no es alentadora. Las previsiones iniciales para 2002 indicaban que el crecimiento económico sería bajo, y según Markwald éste estará en el entorno de 2%. La producción industrial probablemente crecerá menos de lo esperado, y la situación de Argentina también influirá. Los salarios reales están cayendo, lo cual le quita impulso al consumo doméstico, y tanto las exportaciones como las importaciones están descendiendo. “uando todo esto se conjuga con el cuadro electoral, con la probabilidad de triunfo de la izquierda, se genera una sucesión de dudas. La izquierda realizó críticas generalizadas a las tasas altas de interés. Además, hubo declaraciones no muy convenientes sobre la reestructuración de la deuda, que dejaron dudas sobre si ésta sería compulsiva en vez de voluntaria” sostuvo el analista. De esta forma, existe una situación de fragilidad que se combina con cierta histeria electoral provocada por las declaraciones de la izquierda, a lo que se suma la rebaja de la nota por parte de las calificadoras de riesgo, el hecho de que el gobierno use instrumentos compulsivos de control del mercado vendiendo dólares (aunque se reconoce que son limitados), y la situación internacional difícil. Baer coincidió con su colega al resaltar que el hecho de que las tasas de interés sigan altas le imprimió pérdidas al mercado financiero, que pensaba que aquellas iban a bajar. Adicionalmente, la situación de las empresas estadounidenses sobre las que penden denuncias de fraudes y maniobras contables ha reducido los flujos de inversión de empresas extranjeras al país. “os inversores no quieren saber de nada” dijo Baer.
Mercados cerrados
La incertidumbre política interna y la crítica situación corporativa externa hacen que los mercados de capitales estén virtualmente cerrados para Brasil. Esto es grave para el país sobre todo porque necesita refinanciar su deuda, y en tanto no pueda hacerlo, sufrirá presiones sobre el tipo de cambio. “un con los mercados de deuda cerrados, Brasil tiene cómo sobrevivir este año, ya que posee reservas internacionales por US$ 42.500 millones” Sin embargo, el futuro sí es más dudoso. Ahora se está discutiendo el próximo préstamo puente del FMI, y “'bfcómo puede la oposición negociar con el FMI? Es complicado” En la misma línea, Markwald afirmó que el hecho de que los mercados externos estén cerrados para Brasil no representa un problema para las necesidades de financiamiento de 2002 ya que éstas están cubiertas. “n total, este año Brasil necesitará fondos por US$ 50.000 millones, para cubrir el déficit de cuenta corriente de US$ 20.000 millones y la deuda externa de US$ 30.000 millones. El país recibe un flujo de fondos externos de cerca de US$ 18.000 millones al año, y tiene un buen nivel de RIN, además de contar con recursos del FMI. El resto de sus necesidades financieras deberá cubrirlas con instrumentos de deuda” afirmó.
El FMI en la campaña
Pero el gobierno sí está preocupado por el financiamiento necesario para 2002, y por eso está intentando prorrogar el acuerdo con el FMI. El presidente del Banco Central de Brasil (BCB), Arminio Fraga, regresó el viernes de Estados Unidos, donde discutió con el FMI la idea de prorrogar el acuerdo, que expirará el próximo 13 de diciembre, para calmar los mercados durante el período de transición presidencial. La prórroga del acuerdo podría hacerse mediante un aumento del monto del crédito por US$ 15.000 millones concedido el año pasado, o con la creación de un nuevo “lindaje” Pero el PT aseguró que la iniciativa de Fraga es “na trampa”contra Lula y que la transición debe hacerse después de las elecciones. Por el contrario, Serra expresó su apoyo a la iniciativa. “reo que sería bueno prolongar el acuerdo. No porque Brasil esté necesitando de reservas, sino por tener un acuerdo más amplio, que daría garantía y seguridad” dijo Serra. Si todo esto pasó en una campaña electoral que empezó oficialmente recién el lunes pasado, a medida que ésta se vaya desarrollando sólo cabe esperar que los mercados acompañen con una volatilidad aun mayor. Esto no es novedad para los mercados de Brasil, que ya están acostumbrados a temblar. Esta vez, al compás de las encuestas.
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