Bagdad (EFE, AFP, ANSA, Reuters) - El nuevo gobierno iraquí juró ayer su cargo y se hizo definitivamente con las riendas del país en una jornada marcada por dos enfrentamientos entre soldados de EE.UU. y grupos de insurgentes, en los que murieron 24 rebeldes. A última hora de la tarde, y protegidos por férreas medidas de seguridad, el primer ministro, Ibrahim al-Jafari, y los 29 miembros de su gabinete se comprometieron a desempeñar su cargo con lealtad en una ceremonia cargada de retóricas fórmulas religiosas que evidencian los nuevos vientos confesionales que soplan en Irak. «En el nombre de Dios el clemente, el misericordioso, juro ante el altísimo desempeñar mis funciones con entrega y fidelidad, y preservar la independencia, la soberanía, la integridad y los recursos de Irak, velar por los intereses del pueblo y aplicar la ley con rectitud y ecuanimidad. Dios es testigo de lo que digo», recitó Al-Jafari.
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Instantes después, sus compañeros de gabinete, que habían sido convocados al estrado en lengua árabe y kurda -otro signo de los nuevos tiempos- se comprometieron igualmente, y con el mismo juramento, a trabajar en favor del pueblo iraquí para «acabar con su sufrimiento».
La ceremonia quedó alterada, sin embargo, por la significativa ausencia de uno de los vicepresidentes del país y líder sunnita, Ghazi al-Yawar, también una posible señal de la nueva situación que vive Irak.
Una fuente militar se refirió al incidente en el que participaron aviones de la fuerza aérea norteamericana. Sin embargo, negó que los dos aviones de combate F/A-18-Hornet, dados por desaparecidos el lunes a la noche en el oeste de Irak, hubieran sido abatidos por fuego enemigo.
El mando militar anunció ayer el hallazgo del cadáver de uno de los pilotos, aunque no detalló en qué lugar fue encontrado.
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