Ramallah (Reuters, EFE, AFP, ANSA, DPA) - Israel retiró ayer sus tanques de dos ciudades cisjordanas después de tres semanas de ocupación, pero mantuvo el sitio en torno al cuartel general de Yasser Arafat y la basílica de la Natividad en Belén, donde aún se encuentran refugiados varios palestinos armados.
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«Hemos concluido esta etapa de la operación llamada Escudo Defensivo», dijo el primer ministro israelí, Ariel Sharon. El ejército señaló que se retiró por completo de Naplusa y Ramallah, a excepción de las oficinas de Arafat en esta segunda ciudad. «La retirada de Naplusa ha culminado», indicó un portavoz israelí. Según fuentes militares, la retirada de esa ciudad se había demorado mientras los soldados desalojaban a varios judíos ultraortodoxos que se infiltraron para orar en un templo sin autorización.
El negociador palestino Saeb Erekat catalogó el repliegue israelí de una «gran decepción», diciendo que Israel todavía estaba ejerciendo control de seguridad en todas las áreas palestinas de Cisjordania. Según la Autoridad Palestina, no habrá ninguna discusión de paz hasta que la retirada sea completa.
Sharon dijo que la campaña había alcanzado resultados significativos y aseguró que la «lucha (de Israel) contra el terrorismo» continuará.
«Sin embargo, esta vez funcionará de acuerdo con un método distinto», agregó luego del repliegue en Naplusa y Ramallah. Sharon se refirió aparentemente a zonas de seguridad que Israel quiere establecer dentro de Cisjordania para impedir que atacantes suicidas palestinos lleguen a Israel.
•Satisfacción
El secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, quien fracasó en su intento de alcanzar una tregua entre ambas partes durante una gira de paz por la región que terminó el miércoles último, señaló en declaraciones a la cadena de televisión NBC en Washington que estaba satisfecho con la retirada israelí de las ciudades cisjordanas, que «parece está bastante avanzada». Sin embargo, declaró no estar «totalmente complacido» con sus alcances y ofreció a su país como «amigo de los palestinos» en la búsqueda de obtener un Estado independiente.
Dirigentes palestinos han denunciado que la ofensiva causó cientos de muertes, además de barrer con los servicios de seguridad de Arafat y dejar las instituciones de la Autoridad Palestina convertidas en escombros. Particularmente espinosa es la situación en el campo de refugiados de Jenin, donde la comunidad internacional investigará si, como ha dicho el mundo árabe, Israel ha perpetrado «una matanza».
En el marco de una ola de condenas internacionales en torno a la cuestión, Sharon ha ordenado a todos sus ministros que suspendan los contactos con el enviado especial de la ONU, Terje Larsen, tras sus críticas declaraciones sobre los hechos ocurridos en Jenin.
En la reunión semanal del Consejo de Ministros, el jefe del gobierno israelí afirmó que ha dado «instrucciones inequívocas» a todos los órganos del ejecutivo para que «no tengan ningún contacto» con Larsen, a quien también podrían declarar persona «non grata».
Mientras, en Belén, tropas israelíes mantuvieron el sitio contra los militantes palestinos refugiados junto a unas 200 personas en la basílica de la Natividad. En un sermón en el Vaticano, el papa Juan Pablo II hizo un llamamiento a que termine el sitio, que dijo está signado por «el chantaje y un intolerable intercambio de acusaciones».
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