Barack Obama se impuso el sábado en las primarias de estados con un importante electorado afroamericano, como el de Luisiana. Su ascenso sorprende a una Hillary Clinton que esperaba que las primarias fueran casi un paseo triunfal.
Washington - El pertinaz empate que mantienen Hillary Clinton y Barack Obama empieza a poner nervioso al Partido Demócrata que, cada vez con más apremio, quiere tener un candidato y alinearse tras él.
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Aunque Obama fue el vencedor demócrata de la noche del sábado -ganó en todos los estados, Nebraska, Luisiana y Washington- se repartirá proporcionalmente con Hillary los 158 delegados demócratas en juego.
Mientras, Mike Huckabee, el ganador republicano de Kansas y Luisiana, se llevó los 56 delegados de estos estados. John McCain sólo ganó por un pequeño margen en el estado de Washington.
Todo indica, por tanto, que las pretensiones de conseguir aclarar al candidato demócrata cuanto antes tendrán que esperar.
Si las primarias que quedan, entre ellas varias clave, como las que se celebrarán mañana en el área del río Potomac -Maryland, Virginia y Washington DC- y después en estados potentes como Texas, Ohio y Pensilvania, siguen repartiendo delegados equitativamente entre los dos candidatos, el futuro pinta negativo.
División
En ese caso, los analistas apuntan la posibilidad de que sean los «superdelegados» que reciben esta condición en función de su cargo, pero que no son elegidos y votan finalmente según sus preferenciaslos que decidan el candidato.
A pesar de su división -o precisamente por ella- los estrategas demócratas han comenzado a dar los pasos necesarios para que su candidato, sea quien sea finalmente, pueda batir en noviembre a Mc-Cain, que ya se perfila como «el» candidato republicano.
Según el diario «The Politico», los demócratas están ya preparando «munición» para torpedearlo durante la campaña electoral y han desempolvado algunas de sus últimas confesiones respecto, por ejemplo, de la economía.
«Los asuntos económicos son algo que yo no entiendo tan bien como debiera», dijo McCain durante la campaña en New Hampshire. Son sus propias palabras las que piensan utilizar en su contra.
Guerra
Igual pasará con sus posiciones respecto a la guerra de Irak, un asunto en el que los demócratas están decididos a demostrar que votar a McCain será tanto como votar «un tercer mandato de George W. Bush».
De poco le va a servir a Mc-Cain haber criticado la estrategia del Pentágono -de su ex secretario Donald Rumsfeld, en particular- durante todo el primer tramo de la contienda.
Para los demócratas, su visión de que la guerra debe continuar hasta la victoria es suficiente para desprestigiarlo.
Si a esto se le suman las reticencias que el previsible candidato republicano suscita en las filas más conservadoras de su propio partido por sus posiciones, por ejemplo, sobre la inmigración, el camino de McCain hacia la Casa Blanca no va a ser precisamente una rosaleda.
El senador por Arizona, que siempre se ha sentido un personaje «poco convencional», tendrá ocasión de demostrar que, una vez más, la victoria la alcanza el que no se rinde.
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