Las protestas llegaron a su clímax a fines de abril, cuando miles de campesinos aimaras lincharon y mataron al alcalde de su pueblo, en la frontera con Bolivia, acusándolo de corrupto. La muerte del alcalde de Ilave provocó que el Congreso censurara por primera vez a un ministro de Toledo obligándolo a renunciar, y algunos opositores y líderes gremiales empezaron a pedir la dimisión del propio mandatario tras la ola de huelgas.
Toledo asumió la presidencia con las promesas de reducir la pobreza, que afecta a 54% de los 27 millones de peruanos, y de dar «más trabajo», pero la mayoría de los habitantes no siente que esté cumpliendo pese a que la economía crece a una de las tasas más altas de la región.
«El es el culpable de la caída dramática de su aprobación porque hizo generar expectativas y esperanzas en los sectores más pobres y su actitud, un tanto frívola y concentrada en su propio partido y amigos, ha generado un desplome de esos deseos», opinó el analista
Sólo 3% de los encuestados en los sectores más pobres de Perú -que viven con 1,25 dólar al día- aprueban el gobierno Toledo.