Merced al estado de emergencia que rige en Francia desde ayer, las autoridades podrán declarar el toque de queda y la policía podrá allanar domicilios sin orden judicial. Se trata de una medida extrema, aplicada sólo dos veces en la historia. La decisión es dura, pero está claramente impuesta por una ola de violencia étnica que ha escapado a todo control y que ha incendiado prácticamente todo el país. El gobierno de Jacques Chirac revirtió finalmente la imagen de inmovilidad e impotencia en que había caído, pero la partida dista de estar ganada. Los jóvenes rebelados, en su gran mayoría musulmanes de familias magrebíes o subsaharianas, siguen enfurecidos por la discriminación que perciben en su contra y han dado a sus desmanes un carácter verdaderamente masivo. La falta de un liderazgo claro entre ellos, de organicidad y hasta de ideología, inviabiliza cualquier intento de diálogo. Las próximas horas serán cruciales para ver si se empieza a controlar la situación y se evita un derrame que desvela a otros países europeos.
Además, el mandatario prevé reunir de nuevo al gobierno a fines de la semana para prorrogar la disposición más allá de los 12 días estipulados por la ley de 1955, según informó el portavoz del gobierno, Chirac, que pidió aplicar los toques de queda «en un espíritu de responsabilidad y respeto», recalcó que «la primacía del derecho va necesariamente a la par de la justicia. Superaremos la situación actual sólo si damos toda su realidad a este principio fundamental de la República».
La resurrección de la ley de 1955, adoptada poco después del comienzo del conflicto que llevaría a la independencia de Argelia,
En virtud de la evolución de los acontecimientos, «velaremos por la aplicación selectiva» del decreto en «parte del territorio nacional», dijo el funcionario a la prensa, al resumir la política del gobierno en tres palabras:
Dejá tu comentario