La izquierda radical del Partido de los Trabajadores bloqueó uno de los proyectos más esperados del gobierno brasileño: la autonomía del Banco Central. El tema ya no será tratado este año en el Congreso, lo que dejó otra preocupación: ¿cuál es la fortaleza real de la base parlamentaria de Lula para tratar la crucial reforma previsional?
La señal es doblemente negativa. Por un lado, porque da por tierra con una medida esperada como una decisiva demostración del compromiso oficial con las políticas ortodoxas y de lucha contra la inflación. Y por otro, porque
Al renunciar a tratar la autonomía del Banco Central, el gobierno buscó despejar en el Parlamento el camino a la reglamentación del más que pretencioso artículo 192 de la Constitución, que trata sobre el sistema financiero y que, entre otras cosas, hasta pretende fijar el nivel de las tasas de interés. El de la autonomía del Central era el punto más irritante de la reforma para los radicales del PT. Quitado del camino ese escollo, se espera que se abra la posibilidad de avanzar con el resto de las reformas.
Mientras día a día se complican las negociaciones para la prometida incorporación en el gabinete del centrista Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), con fuerte presencia en el Congreso y en las gobernaciones, el gobierno enfrenta dudas crecientes acerca de su habilidad para armar una base parlamentaria sólida. Tanto que Genoino debió salir a explicar ayer que el Ejecutivo cuenta con el respaldo de la mayoría absoluta de las dos cámaras del Congreso. Sin embargo, hasta ahora esa mayoría se ha mostrado más consistente en las palabras que en los hechos. Acaso fue para mitigar el impacto de la noticia que Lula salió ayer a ratificar que enviará al Congreso en abril sus esperados proyectos de reforma previsional y tributaria. ¿Pero qué suerte correrán esos proyectos en el Congreso?
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