Madrid (AFP, La Vanguardia, ASN, EFE) - La escalada entre el gobierno español y el Vaticano alcanzó ayer el reclamo por vía diplomática, cuando fue convocado por el Ejecutivo de José Luiz Rodríguez Zapatero el nuncio apostólico en Madrid, el arzobispo portugués Manuel Monteiro, para expresarle su « extrañeza» por la inusual reacción del papa Juan Pablo II ante supuesto «desprecio por lo religioso» que se está difundiendo en España.
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Se le manifestó la «extrañezapor la referencia explícita a un supuesto laicismo restrictivo que pudiera limitar la libertad religiosa y que el mismo pudiera ser atribuido a una actitud deliberada del gobierno» español, indicó la cancillería ibérica en un comunicado. El subsecretario de Asuntos Exteriores español, Luis Calvo Merino, fue el encargado de transmitir el enojo de Zapatero.
En un discurso al recibir a un grupo de obispos españoles el lunes pasado, el Papa había criticado que en España «se va difundiendo una mentalidad inspirada en el laicismo, ideología que lleva gradualmente, de forma más o menos consciente, a la restricción de la libertad religiosa hasta promover un desprecio o ignorancia de lo religioso relegando la fe a la esfera de lo privado».
Concretamente, lo que más extranó al gobierno español fue la mención de la Santa Sede al «deber que tienen los poderes públicos de garantizar el derecho a la enseñanza religiosa y de asegurar las condiciones reales de su ejercicio».
El conflicto con el Vaticano también repercutió en Buenos Aires, donde se encontraba hasta ayer el presidente de gobierno español. «El Papa tiene todo el derecho a expresar su opinión sobre los gobiernos», dijo Rodríguez Zapatero en conferencia de prensa. «No pasaré de expresar ese respeto. Simplemente puedo decir que cualquier español puede considerar quizás exagerado decir que hay un problema de libertad religiosa en España», agregó. El mandatario evaluó que su país «vive hoy el momento de mayor libertad religiosa, ideológica y política de toda su historia». «El gobierno tiene un programa de extensión de derechos de ciudadanos, que es nuestro compromisocon la sociedad y la sociedad ha respaldadoun programa que incluye determinadas leyes de acabar con discriminaciones», expresó.
En su alocución con motivo de la tradicional visita «ad limina» de los obispos españoles al Vaticano, Juan Pablo II criticó iniciativas del gobierno socialista como el matrimonio entre homosexuales, la adopción de hijos por parejas gay, la reforma del divorcio o la limitación de la enseñanza religiosa.
A pesar de todo, el gobierno español también reiteró al nuncio en Madrid «su deseo de mantener un fructífero entendimiento con la Iglesia, mediante un diálogo permanente basado en el respeto profundo del ámbito de competencias que los acuerdos entre España y la Santa Sede reconocen a ambas partes», indicó la nota de la Cancillería. España y la Santa Sede firmaron un convenio en 1979 sobre enseñanza y asuntos culturales que, según el gobierno socialista español, se cumple con normalidad.
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