La interna que atraviesa al gobierno brasileño es toda una tradición en ese país. Imaginando una refundación del oficialismo en el segundo mandato, que comenzará el 1 de enero, el ala desarrollista comenzó a embestir contra la liberal, presionando a Lula da Silva por un cambio de rumbo económico. Pero el presidente no quiere dejarse arrastrar por el Partido de los Trabajadores, algo que le costó caro hasta hace poco, y rechazó ayer cualquier aventura.
Lula da Silva
y su esposa
Marisa ayer
al llegar a su
residencia en
Brasilia. El
presidente
dijo que fue
una bendición
ir a un
ballottage
porque eso
le permitió
sumar más
apoyos.
Brasilia (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - Un día después de lograr la reelección, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva aseguró ayer que en su segundo mandato mantendrá la política económica ortodoxa, aunque pareció querer evitar un choque con los ministros que presionan por un giro asegurando que se priorizará el desarrollo.
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«La política económica se mantiene, con un atenuante importante: vamos a priorizar el desarrollo», dijo Lula en la primera entrevista concedida al día siguiente de su reelección, a la TV Récord. «No cambiaremos la meta de inflación, que es básica para ayudar a los pobres; vamos a mantener la meta de inflación, y vamos a trabajar para el crecimiento», afirmó.
Consultado sobre si llegó el «fin de la era Palocci» (en alusión al ex ministro de Hacienda Antonio Palocci, que condujo la economía desde 2003 hasta mayo pasado), el mandatario respondió que «no existió era Palocci como tampoco hay era Guido Mantega» (actual titular de esa cartera).
Defendió además la gestión de su antiguo ministro, porque «el país todavía está recogiendo los frutos» de su trabajo. Asimismo, pidió no especular sobre la composición de su futuro gabinete: «No sé por qué las personas especulan tanto sobre lo que no deberían especular. El ministerio es un problema mío». «Mantega es mi ministro de Hacienda y eso se mantiene hasta que yo lo decida. No puedo trabajar sobre la base de sugestiones o premoniciones», expresó.
Lula ganó la reelección el domingo con 58,29 millones de sufragios, 60,83% de los votos válidos, contra 39,17 de su rival Geraldo Alckmin.
Durante la nota, reiteró que la línea central de su segundo mandato será «desarrollo, distribución de riqueza y educación de calidad», y que aunque gobernará para todos, mantendrá su prioridad por «los más necesitados». Sostuvo que el crecimiento será fruto de lo que ya hizo para consolidar las bases de la economía y no de un cambio en la política económica. «Las tasas vienen cayendo y van a continuar cayendo, vamos a continuar controlando la inflación y los gastos, y el país va a crecer, afirmó.
Control del gasto
En la misma línea, la jefa de Gabinete, Dilma Rousseff, aseguró que el presidente mantendrá el férreo control del gasto público que caracterizó su primer mandato y que no introducirá cambios en la política de metas de inflación. «El 4,25% de superávit primario será mantenido», dijo la funcionaria en una entrevista con una radio local.
Estas declaraciones surgieron como consecuencia de las numerosas especulaciones acerca de un posible nuevo rumbo económico. Algunos de sus colaboradores hablaron de cambios en ese sentido, especialmente en el ritmo de recorte de la tasa básica de interés, para acelerar la débil expansión del PBI.
Esto expresa la interna que ha caracterizado a los últimos gobiernos brasileños, divididos entre un ala liberal, proclive a los equilibrios macroeconómicos, y una desarrollista, respaldada por el sector industrial.
Así, las acciones y el real cayeron ayer, debido a que los operadores esperaron a ver si Lula cambiará a su equipo económico o sus políticas ortodoxas. El índice Bovespa de la Bolsa de San Pablo cerró con una caída de 1,09% a 38.900 puntos, y la moneda local se debilitó 0,66% ante el dólar.
«Hay incertidumbre en relación con los ministros y si serán realmente más desarrollistas», dijo Daniel Szikszay, jefe de monedas de Banco Schahin en San Pablo. Uno de los funcionarios que aludió a un posible giro de la orientación económica fue Tarso Genro, ministro de Relaciones Institucionales, quien afirmó que la ortodoxia fue necesaria en el primer mandato para ordenar la economía, pero que ahora habrá cambios «desarrollistas» en pos de un crecimiento mayor, objetivo que el propio mandatario cifró en 5% anual.
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