El presidente sirio Bashar al Asad está cada vez más aislado después de que varios países árabes, entre ellos Arabia Saudita, y Al Azhar, la más alta institución del islam sunita, se unieran a las protestas contra la represión del régimen, que este lunes causó otros cuatro muertos.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Por primera vez desde el inicio del movimiento de protesta a mediados de marzo en Siria, el rey saudí Abdalá anunció el domingo que había convocado a su embajador en Damasco para "consultas", exigiendo al régimen sirio "parar la maquina de la muerte" de una represión que "contraviene a la religión, los valores humanos y a la moral".
Otros dos países del Golfo, Kuwait y Bahréin, tomaron este lunes la misma medida, uniéndose estas tres monarquías a la oleada de protestas internacionales contra la represión de la revuelta popular en Siria, causante ya de más de 2.000 muertos, la mayoría civiles, según diversas ONG.
"Nadie puede aceptar el derramamiento de sangre en Siria (...) La opción militar debe cesar", dijo el jefe de la diplomacia kuwaití, el jeque Mohamed al Sabah, quien anunció una inminente reunión de las seis monarquías árabes del Golfo para analizar la situación en Siria.
La prestigiosa institución sunita de Al-Azhar, en El Cairo, rompió su silenció. En un comunicado, el imán de la institución, Ahmed al Tayyeb, calificó la situación de "inaceptable" que "ha sobrepasado los límites" y conminó al régimen de Al Asad a poner fin al "derramamiento de sangre".
El secretario general de la Liga Árabe, Nabil al Arabi, pidió también este lunes un diálogo "serio" en Siria con miras a lograr una reconciliación, y llamó a los países árabes a tomar como ejemplo las experiencias de Túnez y Egipto para escuchar las demandas de los ciudadanos.
El domingo, la Liga Árabe pidió a las autoridades sirias que pusieran fin a la violencia "inmediatamente", por primera vez desde el comienzo de la revuelta.
Estas reacciones del mundo árabe llegaron después de que el domingo se viviese otra jornada sangrienta. El ejército, encargado de acabar con las manifestaciones, mató a 54 personas el domingo, la mayoría en Deir Ezzor (noreste), según activistas humanitarios. Este lunes hubo otros cuatro muertos.
En un nuevo intento para convencer al gobierno sirio de cesar la represión del movimiento popular, se espera que el martes llegue a Damasco el jefe de la diplomacia turca, Ahmed Davutoglu, para transmitir un mensaje a las autoridades. Ankara asegura estar "al borde de la paciencia".
La secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, comunicó a Davutoglu que pida al régimen sirio "enviar los soldados a los cuarteles". Pero la tarea del ministro turco no es fácil puesto que Siria, que no ha reconocido nunca la revuelta popular, sigue acusando a "bandas" de delincuentes del caos que reina en gran parte del país para justificar el uso de la fuerza.
Como consecuencia de las protestas, el presidente Asad anunció reformas como el multipartidismo, elecciones libres, fin del estado de emergencia y la última, este lunes, nombrar al general Daud Rajha como nuevo ministro de Defensa, sustituyendo al general Alí Habib, anunció la televisión pública.
A pesar de todas estas medidas, la credibilidad de Asad está muy mermada, tanto a nivel internacional como interno y la violenta represión no ha hecho más que radicalizar las manifestaciones en contra del régimen, que desde el inicio del Ramadán, el 1 de agosto, se celebran a diario tras la oración nocturna.
La oposición y los activistas exigen una profunda reforma de la Constitución que actualmente garantiza al partido único Baas, en el poder desde 1963, el estatus de "dirigente del Estado y de la sociedad".
Desde el inicio de la represión, Occidente ha impuesto sanciones al régimen de Asad, Rusia ha pedido el fin de la violencia, y el Consejo de Seguridad de la ONU y las monarquías del Golfo han exigido el cese de la represión.
La Unión Europea (UE) planea imponer nuevas sanciones, después de la prohibición del visado y el bloqueo de los haberes de una cuarentena de personalidades del régimen, informaron fuentes diplomáticas.
Pero el régimen de Asad sigue haciendo oídos sordos a las protestas: rechazó las injerencias extranjeras y acusó a los medios de comunicación internacionales, prohibidos de circular libremente por Siria, de difundir "mentiras".
Dejá tu comentario