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30 de noviembre 2006 - 00:00

Rosales mostró convocatoria, pero sondeos le son esquivos

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El opositor Manuel Rosales, gobernador del estado de Zulia, saluda a sus seguidores antes de participar en la inauguración del hospital en la ciudad de Maracaibo.
Caracas - Al grito de «rojo, rojito» de los chavistas, apagado -a veces- por el «¡atrévete!» de los seguidores, menos ruidosos, de Manuel Rosales, Venezuela empezó anoche a despedirse de una áspera campaña electoral con un acto, multitudinario y colorido, del candidato opositor.

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De local, en Maracaibo -ciudad que gobernó como alcalde y luego como gobernador del estado petrolero de Zulia- Rosales hizo una demostración callejera para exponer, ante propios y extraños, la adhesión que concentra. La avenida 5 de Julio, en el centro de Maracaibo, estuvo repleta 25 cuadras. «Fue el acto más concurrido en la historia de Maracaibo», se animaban, anoche, voceros del equipo de campaña de Rosales que se consideran derrotados en la generación de expectativas sobre el resultado: salvo en sectores muy próximos a la oposición, en todos lados se palpita la victoria de Chávez.

«Un país democrático o el castro-comunismo» es el dilema que intenta inyectar. El tono combativo, el agite del «fantasma» cubano, es un último esfuerzo de Rosales por revertir una elección en la que Chávez aparece como favorito. «Sólo tenemos que contar por cuanto ganamos», dicen en su comando.

A pesar de que desde el domingo no se pueden difundir encuestas, los venezolanos consumen medios internacionales donde se publican sondeos. Ayer, por caso, trascendió una medición de la consultora Evans/McDonoutgh que otorga 57% a Chávez contra 38% de Rosales. Con todo, hay que aclarar que el muestreo fue encargado por una filial de la petrolera estatal PDVSA.

Perdura, en tanto, la batalla por atraer a votantes. Desde su ciudad, Rosales llamó a los empleados estatales y a los que «trabajan en las misiones» bolivarianas a «no tener miedo». Es un viejo temor que se arrastra del referendo revocativo de 2004, cuando circularon « listas» de los que votaron contra Chávez.

De caravana por Trujillo, sobre los Andes, y luego en el estado llanero de Yaracuy, Chávez reiteró su mensaje con otro perfil. «Debemos mover cada engranaje de la maquinaria: que no quede nadie sin votar», convocó.

  • Despliegue

    Martilló el presidente sobre ese punto: ¿temor a una derrota o la oportunidad para un triunfo aplastante? Hasta el domingo, una incógnita. El mismo pedido repetirá hoy en Puerto Ordaz y, por la tarde, sus fanáticos se reunirán frente al Palacio de Gobierno a esperar que, a lo Perón, los salude.

    Lo que no puede discutirse es el despliegue que hizo el chavismo durante la campaña. Un informe del Consejo Nacional Electoral (CNE) relevó que la presencia de Chávez en la TV local quintuplicó a la de su competidor.

    Sumados los segundos de aparición en programas, el bolivariano estuvo 96 horas en los canales. El lapso mayor se dio, claro, en la televisión oficial: 86 horas. Mientras que Rosales sólo estuvo poco menos de dos horas. El número, no con esa proporción, se revierte en la TV privada.

    Eso refleja el marco de fractura que enfrentan Venezuela y los actores en pugna. «El país está partido en dos», es la figura que usan los analistas. Eso se ve en las calles, en los diarios y en la TV. Al punto que Vicente Díaz, del CNE, reprendió a los canales por la inequidad.

    Hubo, además, una advertencia de ese tribunal -encargado de fiscalizar el comicios del viernes- sobre las transgresiones durante la campaña. La mitad de las actas de infracción registradas fue contra funcionarios del gobierno nacional. El resto se repartió entre la oposición, los gobiernos estaduales y municipales, y las empresas que dependen del Estado.

    Es, debe decirse, un sello de Chávez: el viernes, horas después de que comience la veda electoral, con ropaje de presidente -«no de candidato», aclaró sin ruborizarse un miembro del Comando Miranda- el bolivariano tiene previsto inaugurar una obra en Caracas.

    La oposición enfurece con esas provocaciones, a veces menores, del mandatario. «Es un bocón», se quejaban ayer, en un local de partidarios de Rosales, en Chacao, a pocas cuadras del centro de Caracas. Allí funciona también una peluquería de damas y niños. Es una postal del nivel de participación.

    En ese clima político, con amagos de lluvia durante todo el día en una Caracas más húmeda que cálida, seguían sonando ayer las advertencias de la oposición sobre el riesgo de fraude. Para apagar ese temor intervino hasta la Iglesia: el cardenal Jorge Rugosa pidió ayer que terminen esos rumores.
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