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A pesar de los inconvenientes y retrasos que está afrontando su campaña en Irak, el Gobierno de Washington insistió en que el régimen de Saddam Hussein será derrotado sin paliativos y dijo que la ofensiva continuará incluso si los refuerzos en camino no están disponibles.
Rumsfeld y el jefe del Estado Mayor Conjunto, general Richard Myers, quienes hoy realizaron declaraciones a varias cadenas de televisión estadounidenses, se esforzaron en proclamar su fe en la victoria final, aunque reconocieron que lo peor de la guerra aún no ha llegado.
"No tenemos planes para pausas o alto el fuego o nada parecido", aseguró el jefe del Pentágono en una entrevista con la cadena de televisión ABC, en la que reconoció que la campaña puede extenderse durante "semanas o meses", lo que puede hacer que la guerra continúe durante el ardiente verano del desierto iraquí.
El pasado 16 de marzo, pocos días antes del comienzo de la campaña, el vicepresidente de EEUU, Dick Cheney, afirmó en una entrevista con la cadena NBC que la guerra "se desarrollará relativamente rápido (...) Semanas en lugar de meses".
Una vez que la guerra relámpago prevista inicialmente no ha generado el desmoronamiento del régimen de Saddam Hussein y que la caída de Bagdad no se prevé próxima, las tropas de EEUU se preparan para una campaña larga.
"Sospecho que los días más peligrosos y difíciles aún están por delante", afirmó Rumsfeld, quien señaló que las cosas serán "más complicadas según nos acerquemos a Bagdad".
Myers dijo hoy que las hipótesis de un paro de 30-45 días en la ofensiva hasta que lleguen los refuerzos (unos 130.000 hombres de tres divisiones pesadas y otras unidades) son "muy exageradas".
Aún así, rehusó poner fecha, siquiera aproximada, al final de la guerra.
"No quiero hablar de calendarios", dijo el general, quien señaló que la llegada de los refuerzos permitirá explotar los éxitos logrados hasta ahora.
"Hemos preparado las condiciones adecuadas para ataques de gran envergadura", afirmó el jefe militar estadounidense, quien aún así admitió que "la parte más dura (de la guerra) está por delante".
Ahora, las fuerzas de Estados Unidos y el Reino Unido no tienen suficientes tropas para continuar su empuje hacia Bagdad y a la vez mantener las líneas de aprovisionamiento desde Kuwait, que se extienden varios cientos de kilómetros y están expuestas a las guerrillas iraquíes.
Ello, unido a la resistencia iraquí, que el propio Rumsfeld calificó hoy como "dura" ha hecho que se admita que la guerra podría durar meses, y se prevén duros enfrentamientos con las divisiones de elite de la Guardia Republicana que rodean Bagdad.
Según el Pentágono, algunas de esas divisiones pueden estar a menos del 50 por ciento de su capacidad operativa debido a los bombardeos aéreos, aunque esas afirmaciones no están corroboradas.
Los refuerzos estadounidenses, que incluyen tres divisiones pesadas y otras unidades, con un total de unos 130.000 hombres, no comenzarán a ser operativos hasta bien entrado abril, en el mejor de los casos.
Las declaraciones de Rumsfeld y Myers siguieron la tónica establecida pocas horas antes por el jefe del Mando Central, general Tommy Franks, y por el ministro británico de Defensa, Geoffrey Hoon, que reconocieron que la guerra puede continuar durante meses.
Aún así, Rumsfeld insistió hoy en tratar de mantener el optimismo, y aseguró a la población estadounidense que el destino del régimen de Saddam Hussein está sellado, y lo único que puede pasar es que ese final se retrase algo.
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