«¡Cálmense! Basta de preguntas. ¿Por qué no pueden simplemente callarse y apoyar a
las tropas?», pregunta Donald Rumsfeld a la multitud que lo acosa con sus cuestionamientos.
«Somos las tropas», le responde ésta, según la visión humorística de J.D. Crowe
en «The Mobile Register».
Washington (EFE, Reuters, AFP) - Blanco de duras críticas, el jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, aseguró ayer que no pensó en renunciar, tal como le pidieron en las últimas semanas varios generales de renombre. Lejos de ello, el titular de Defensa estadounidense habló de sus planes de reforma para las Fuerzas Armadas y de sus expectativas sobre el conflicto en Irak.
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Rumsfeld contraatacó a sus críticos y atribuyó el descontento expresado por un grupo de generales a la dificultad de éstos de adaptarse a las reformas encaradas por el Pentágono. Recordó además que la potestad sobre su permanencia o no en el cargo es de George W. Bush. «El sabe, como lo sé yo, que no hay hombres indispensables, y sabe que yo estoy a su servicio en tanto él lo quiera», afirmó Rumsfeld. «El cambio es difícil. También es absolutamente necesario. Transformar este departamento es importante», declaró el funcionario en conferencia de prensa. «No hay que sorprenderse de que haya gente que no está cómoda con esto y se queje. También es verdad que tengo una sensación de urgencia. Me levanto cada mañana y me preocupa la seguridad de los estadounidenses, y me pregunto si estamos haciendo todo lo humanamente posible para protegerlos», agregó.
«Uno se proyecta seis meses hacia adelante y hace de cuenta que ocurrió un nuevo 11 de setiembre, y luego se pregunta qué debería hacerse hoy para que eso no ocurra», dijo.
Seis generales retirados reclamaron las últimas semanas la renuncia de Rumsfeld, acusándolo de ser responsable de errores en Irak. También lo consideran arrogante y criticaron que no acepte la opinión de los militares.
El responsable del Pentágono fue el jefe del sector denominado «halcones» desde el inicio del primer mandato de Bush en la Casa Blanca y alentó desde entonces la estrategia en Irak, que ahora es cuestionada por sus detractores.
Bush esbozó varias defensas de Rumsfeld en los últimos días. Afirmó, entre otras cosas: «Yo soy el que decide, y yo decido qué conviene, y lo que conviene es que Donald Rumsfeld siga siendo el secretario de Defensa». El mandatario republicano consideró ayer que Rumsfeld está haciendo «un buen trabajo».
El poderoso funcionario rehusó ayer discutir si es adecuado o no que los militares critiquen a los civiles que se encuentran al frente del Pentágono. «Yo prefiero que sean los historiadores y los analistas los que se ocupen del asunto de más larga data de las relaciones entre civiles y militares», dijo.
Rumsfeld recordó que hace unos treinta años, cuando era secretario de Defensa con Gerald Ford, le tocó decidir sobre el armamento y el motor del vehículo blindado de combate Abrams M-1. Resolvió equiparlo con cañones de 120 milímetros y motores de turbina, contrariando a los tradicionalistas que insistían en motores diésel y cañones de 105 milímetros. «Cuando tomé la decisión es como si estuviésemos al borde del fin del mundo, fue enorme la controversia... Pero quien toma la decisión aquí es la persona designada por el presidente y confirmada por el Senado», enfatizó el secretario de Defensa.
Cambios
Rumsfeld pasó revista a los cambios que ha puesto en marcha desde que retornó al Pentágono en enero de 2001 y que incluyen una modificación de la estrategia de EE.UU., que pasó de la expectativa de un conflicto con superpotencias, a la capacidad para librar guerras menores en diferentes partes del mundo contra enemigos no convencionales.
El funcionario especificó que está en marcha una reestructuración de las Fuerzas Armadas que lleva hacia una integración más estrecha de las cuatro armas -Ejército, Marina, Fuerza Aérea e Infantería de Marina- para operaciones combinadas.
Un grupo de generales que el lunes publicó en el diario «The Wall Street Journal» un artículo de respaldo a Rumsfeld, señaló sin embargo que «hay quienes se sienten disgustados por el estilo autoritario y prepotente» del secretario de Defensa.
«Ah, de eso yo no tengo idea», comentó, sonriente, Rumsfeld.
Abordó también la crítica situación en Irak, dondelas bombas y enfrentamientos cotidianos no cesan, y la situación política parece empantanada. «Es un tema preocupante que no hayan sido capaces hasta ahora de ponerse de acuerdo sobre el nuevo gobierno. Espero que veamos un gobierno formado en este país en los próximos días», se esperanzó.
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