Moscú insistió en que Irak, con las segundas reservas mundiales de crudo confirmadas, «no es un país pobre» como para perdonarle deudas, pero aceptó negociar ese asunto en el marco del Club de París.
Rusia, a la que Irak debe 8.000 millones de dólares, ya vio mermados con la guerra sus intereses en el país árabe, y ahora quiere evitar que sus compañías petroleras y otras queden al margen del pastel de la reconstrucción repartido por EE.UU.
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