11 de marzo 2003 - 00:00

Saddam sólo contará con 40.000 hombres

Desalentadas, amenazadas y con equipos obsoletos, las milicias de Saddam Hussein están calculadas en 420.000 hombres, dispuestos la mayoría a rendirse al primer disparo. Menos de 10 por ciento de esa cifra es la fuerza con la que contará efectivamente el régimen para defenderse.
Desalentadas, amenazadas y con equipos obsoletos, las milicias de Saddam Hussein están calculadas en 420.000 hombres, dispuestos la mayoría a rendirse al primer disparo. Menos de 10 por ciento de esa cifra es la fuerza con la que contará efectivamente el régimen para defenderse.
Kushtafa, norte de Irak - Nadie duda de que Estados Unidos ganará la guerra. Tampoco se debate mucho sobre las fechas. Todo el mundo cree que el ataque comenzará antes de dos semanas. La única incógnita es cuánto resistirán las fuerzas armadas iraquíes. Bajando por la carretera que va de Erbil a Bagdad, una treintena de kilómetros antes de llegar a la ciudad petrolera de Kirkuk, están las primeras trincheras del ejército de Saddam Hussein.

Desde Kushtafa, donde permanecen apostados los milicianos kurdos, se distingue en la planicie la aldea de Altun Kupry. En los documentos que manejan los expertos, Saddam cuenta con 420.000 hombres en armas, menos de la mitad de los que disponía el 17 de enero de 1991, cuando comenzó la I Guerra del Golfo.

Durante las cinco semanas de campaña aérea y las 100 horas de ofensiva terrestre que duró aquella guerra, el Ejército iraquí sufrió más de 100.000 muertos y perdió miles de carros blindados, transportes acorazados, piezas de artillería y equipos de comunicaciones, así como buena parte de sus arsenales.

En los 12 años transcurridos desde entonces, Irak ha estado sometido a un estricto embargo internacional, que hizo virtualmente imposible adquirir piezas de repuesto o nuevas armas. En los informes de la CIA se cifra en 2.000 millones de dólares la cantidad que anualmente desvía Saddam del programa Petróleo por Alimentos, para dedicarlo a la compra de material bélico.

Hay rastros que llevan a la localidad alemana de Pforzheim, famosa por sus relojes cucú, desde donde el ingeniero Bernd Schompeter despachó maquinaria que podría haber sido empleada en la fabricación de cañones de largo alcance. En esa lista también había piezas de aviones MiG, ametralladoras y lanzacohetes.

Los agentes de la CIA dicen haber detectado contactos con firmas de Túnez, con una empresa de la India especializada en combustible para cohetes y hasta con una compañía china dedicada al cable de fibra óptica. Esos datos, que resultan impactantes cuando reverberan en las paredes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, son y serán irrelevantes en el campo de batalla. Dos tercios de las armas de Saddam Hussein están desgastadas, rotas u obsoletas.

La Fuerza Aérea, que no combatió en la I Guerra del Golfo pero perdió cientos de aviones en tierra o los trasladó a Irán, de donde nunca han regresado, suma 318 aparatos. Se trata de viejos modelos soviéticos y la mitad no puede despegar, por falta de piezas. La Marina, que reunía 38 navíos de combate en el año 1991, tiene sólo seis herrumbrosas patrulleras.

Sobre el papel, esas carencias quedarían compensadas por las pavorosas armas químicas y biológicas que esconde el dictador. Saddam Hussein también contaba en 1991 entre sus pertrechos con dosis de ántrax, botulismo, gas nervioso, sarín y VX, pero difícilmente podría ahora poner en posición de lanzamiento una veintena de venenosos, pero muy imprecisos, cohetes.

En la I Guerra del Golfo, los aliados perdieron 148 hombres, la mitad de ellos debido a lo que eufemísticamente se denomina fuego amigo.


La opinión abrumadora de los habitantes de esta zona del país, tanto de los kurdos como de los árabes, es que la gente no moverá un dedo para defenderlo.

El hecho de que Qussay, el hijo menor del presidente iraquí, mande en los servicios de seguridad y que tres de los seis comandantes de la Guardia Republicana procedan de Tikrit, de la misma tribu que los Hussein, hace complicada una rebelión interna, pero nadie conoce a ciencia cierta el grado total de cohesión de los 80.000 elementos que componen este cuerpo de elite. Hay quien sostiene aquí que el dictador iraquí sólo puede confiar en los 30.000 del grupo especial y en sus 10.000 policías políticos.

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