Se agrava escándalo en Congreso de EE.UU.
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El presidente de la Cámara de Representantes de EE.UU., Dennis Hastert, brindó ayer unaconferencia
de prensa para justificarse ante el escándalo sexual que involucra a un prominente
legislador republicano. Admitió haber manejado mal el caso, pero dijo que no renunciará.
«No sé quién sabía qué ni cuándo», replicó hoy Hastert, «número tres» en la línea de sucesión presidencial, al insistir en que se enteró de los presuntos mensajes lascivos el viernes pasado, y dijo: «Si alguien no nos informó, hay un problema».
En paralelo, el Comité de Etica de la Cámara baja se reunió por más de dos horas a puerta cerrada para preparar una investigación del episodio. Luego, sus miembros anunciaron que prepararon cerca de 50 citaciones judiciales para obtener documentos y testimonios relacionados con el escándalo. La investigación «irá adonde nos conduzcan las pruebas», explicó el presidente del comité, el republicano Doc Bremer.
«Simplificando, el pueblo estadounidense y, especialmente, los padres de los actuales y anteriores pasantes tienen derecho a saber cómo se manejó esta situación, y estamos determinados a responder a sus preguntas», agregó.
El comité, que tiene jurisdicción sobre todo miembro o empleado de la Cámara baja, se negó a ofrecer detalles sobre quiénes fueron llamados a declarar y cuándo, en la investigación para llegar al fondo del caso que estalló en el partido que defiende a ultranza los «valores familiares».
El conflicto originó una ardua batalla entre el oficialismo y la oposición. Por un lado, los demócratas insisten en que los republicanos encubrieron el caso para evitar que les afecte en los comicios del mes próximo, mientras que los republicanos culpan a la oposición y a los medios de comunicación porque los reflectores están ahora puestos en el escándalo y no en logros que éstos querían destacar en sus campañas de reelección.
«Los demócratas no tienen nada que contar al electorado», dijo Hastert, tras resumir los logros republicanos en la lucha antiterrorista y el combate contra la inmigración ilegal.
En todo caso, los republicanos afrontan una lucha cuesta arriba por preservar el control del Legislativo en los comicios del 7 de noviembre, según los analistas. «Este escándalo podría cristalizar el descontento de la base conservadora con los republicanos, que se han proyectado como el partido con responsabilidad moral. Por eso, ahora vemos cómo tratan de salvar su pellejo», dijo Leonard Steinhorn, profesor de Ciencias Políticas de la American University.
El descontento popular por la guerra en Irak, la baja popularidad de Bush, y ahora este escándalo sólo pueden augurar una derrota en las urnas para los republicanos, dijo Steinhorn.



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