La idea era controvertida. Como los mercados suelen anticipar con bastante precisión hechos políticos importantes, los jefes del Pentágono pensaron en integrar de alguna manera esa herramienta a sus necesidades. Así, destinaron u$s 8 millones a la creación de un Mercado de Análisis Político, en el cual unos 10.000 inversores apostarían vía Internet sobre la fecha en que -se dijo- ocurrirán hechos como el asesinato de Yasser Arafat o la caída del rey jordano Abdullah II. En parte por lo extraño del plan y también por los ejemplos poco confesables que se usaron para presentarlo en público, el proyecto generó asombro en Washington. En medio de un fuerte revuelo, el gobierno de Estados Unidos canceló ayer el plan.
Tal vez, como lo acaba de definir el senador (D) Byron L. Dorgan, de Dakota del Norte, la idea sea repugnante y grotesca, y eso bastó para impedir que a partir del viernes comiencen a anotarse los primeros 1.000 operadores del PAM. Aunque su nombre parezca sugerir cualquier otra cosa, el Mercado de Análisis Político será el único del mundo especializado en la operación de contratos de futuros y derivados sobre agresiones terroristas, asesinatos políticos, revoluciones, ataques misilísticos y biológicos, explosiones nucleares y toda clase de yerbas por el estilo.
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La idea puede parecer una broma de mal gusto, pero no lo es. Atrás del proyecto están el Pentágono de los EE.UU., a través de la DARPA (la Agencia de Investigación de Programas Avanzados de la Defensa), la Unidad de Inteligencia de la prestigiosa revista «The Economist» y Net Exchange, una empresa especializada en la aplicación de procesos no tradicionales a los mercados financieros. Que los mercados son eficientes, aun cuando muchas veces parece ser lo contrario, es algo que prácticamente nadie con cierto nivel académico cuestiona hoy en día. Claro que eficiencia no tiene nada que ver con la capacidad de adivinación, pero que saben de esto los generales y los políticos. Dejando de lado los cuestionamientos éticos, para los militares la idea de tener algún instrumento adicional que les permita «catar el ambiente» más que justificaba los magros ocho millones de dólares que tenía asignado el proyecto (u$s 750.000 este año).
Un beneficio adicional es que, aunque garantizaban el anonimato de los participantes, sería relativamente fácil trazar las huellas de cualquier terrorista suicida o de otro tipo, que además de «cumplir con la causa» decidiera «hacerse de unos mangos» para él o su familia. Si bien podría suponerse que el PAM surgió de la imaginación del almirante John M. Poindexter, ex asesor de Seguridad Nacional del ex presidente Reagan y actual jefe del proyecto (curiosamente Poindexter es el nombre del Genio Loco que acompañaba al Gato Félix en sus correrías), lo cierto es que se reconoce un antecedente por demás exitoso en los «Contratos Saddam» que se negociaron en el Iowa Electronics Market, previendo la caída del iraquí. De acuerdo con un estudio elaborado por profesores de las universidades de Stanford y Harvard (What do Financial Markets think of War in Irak?, NBER, W.P. 9587), estos «securities» fueron tan eficientes sino más que los contratos de petróleo y los mercados bursátiles, para sopesar la evolución de los acontecimientos.
• En la congeladora
Por ahora, en medio de un escandalete legislativo, el PAM pasó a la congeladora (tal vez fue demasiado poner como ejemplos de contratos el asesinato de Yasser Arafat o el derrocamiento del Rey Abdullah II de Jordania), pero eso no significa que sus propulsores lo vayan a dejar de lado. Es que como la operatoria del sistema se asemeja en un todo a lo que es un mercado tradicional de futuros (eso sí, vía Internet), apenas bastan 10.000 participantes para que el PAM resulte experimento redituable. De alcanzar ese punto, seguramente poco hubiera importado que el PAM pudiese o no predecir catástrofes políticas, ya que seguramente algunos hombres de armas comenzarían a soñar con competirle al NYSE o el NASDAQ. Pensando en el malogrado Merfox, y en el nonato experimento del Arfex, con acuerdo del Fondo o sin acuerdo, con viaje a Washington o sin él, es claro que cada día que pasa nuestro mercado y quienes lo conducen están cada vez más lejos del mundo.
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