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27 de abril 2007 - 00:00

Ser el candidato republicano, una tarea abrumadora

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Nueva York - A John Mc-Cain le preguntaron en Carolina del Sur si es cierto que se está preparando otra guerra. El candidato republicano se quedó pensando y empezó a canturrear una melodía de los Beach Boys, con la letra ostensiblemente alterada: «Bomb, bomb, bomb, bomb, bomb Irán».

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No todos se rieron de la broma. La cámara y los micrófonos estaban encendidos y su versión bélica de « Barbara Ann» -reconvertida en «Bombardeen Irán»- es ya la gaffe más sonada de su campaña. Los medios no han tenido piedad con el veterano de Vietnam. Los analistas consideran que la infame cancioncita puede muy bien ser «el último clavo en su ataúd político», apenas tres semanas después de su frustrante paseo con chaleco antibalas por Bagdad, defendiendo «la guerra justa y necesaria».

Ahora cambia de disco y dice: «Sé cómo luchar y cómo conseguir la paz». Pero el vetusto senador es una sombra del que era allá por 2000, cuando consiguió poner contra las cuerdas a Bush en los primeros lances de las primarias. En New Hampshire, precisamente, hizo oficial el miércoles su campaña presidencial, como queriendo borrar su imparable cuesta abajo de estos cuatro meses.

  • Retos

  • «Afrontamos unos retos formidables, pero no les tengo miedo, porque estoy preparado», declaró en el momento de la verdad, apoyándose en el bastón de la experiencia (70 años). Pero Mc-Cain en las encuestas figura ya el tercero (12%), superado incluso por un candidato que ni siquiera ha confirmado aún si se presenta: el actor de «Ley y Orden» Fred Thompson, con 15%. Por encima de todos ellos sigue figurando el ex alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani (29%), afectado también por una galopante crisis de identidad.

    ¿Humilló Giuliani a su segunda esposa? ¿Está dispuesto a practicar el nepotismo con la tercera? ¿Nombró como jefe de policía a un tipo corrupto y conectado con la mafia? ¿Dejó en la estacada a los bomberos antes, durante y después del 11-S? ¿Es cierto que apoya el aborto y los matrimonios gays?

    Cada día que pasa crecen las dudas sobre la vida personal del controvertido héroe del 11-S, luchando por salir del fango preelectoral. Los tropezones de McCain empiezan a parecerse sospechosamentea los de John Kerry, y el atronador Fred Thompson acaba de confesar que tiene un linfoma (Giuliani superó un cáncer de próstata y McCain sufrió un melanoma). El ex congresista Newt Gingrich, otro que venía con ínfulas presidenciales, ha admitido que tuvo una amante durante el caso Lewinsky. Y el ex gobernador de Massachusetts Mitt Romney, pese a recaudar más que nadie (16 millones), sigue sin poder superar los prejuicios religiosos: «¿Está preparado el país para un presidente mormón?».

    La llave de la nominación republicana vuelven a tenerla los ultraconservadores evangélicos, que están sometiendo a todos los candidatos a un riguroso test de moralidad. Ninguno de los grandes ha superado hasta ahora el examen de religión, aunque por detrás vienen los tres candidatos colistas -el ex gobernador de Arkansas Mike Huckabee, el senador Sam Brownback y el ex gobernador de Virginia Jim Gilmore-, entonando a coro aquello de «Yo soy el auténtico candidato conservador».

  • Desdén

    Mientras los demócratas están más que satisfechos con su ruleta de candidatos para las primarias, 57% de los republicanos reconoce el desdén por sus aspirantes.

    Rudolph Giuliani, 62 años, es tal vez quien menos se le parece. La campaña ultraconservadora contra el alcalde de América arrancó hace dos meses con la difusión de un viejo video en el que defendía el derecho al aborto. Lo acusaron también de ser partidario de los matrimonios gays y de querer incautar millones de pistolas.

    Poco después empezaron a difundirse historias sobre sus «problemas de familia»: el despecho con el que abandonó a su segunda mujer, Donna Hanover; el rencor de su hijo Andrew; los antecedentes de su tercera esposa, Judith Nathan, que va también por el tercer desposorio...

    Ahora lo atacan también por el flanco de Bernard Kerik, su ex guardaespaldas y ex jefe de policía, el mismo que limpió las calles de Nueva York bajo la consigna tolerancia cero. Kerik, que sigue ejerciendo de vicepresidente de Giuliani Partners, está bajo investigación federal por fraude fiscal, espionaje ilegal, falso testamento y posible conexión con la mafia a través del constructor Frank DiTomasso.

    Los últimos en subirse al pelotón anti-Giuliani son los bomberos de Nueva York, capitaneados por Jim Riches, que perdió a su hijo en las Torres Gemelas y está empeñado en desenmascarar al héroe del 11-S.
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