Moscú (EFE-ANSA) - La cadena de asesinatos que ha vivido Rusia en las últimas semanas resucitó la imagen de un país desgarrado por las luchas de las mafias de la época del «Salvaje Este» en los 90.
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Ayer fue el gerente de la agencia oficial rusa «Itar-Tass», Anatoli Voronin, quien fue hallado muerto por su chófer en su propio piso.
Voronin tenía 55 años y trabajaba en la agencia desde hacía 23, cuando la conocía como «Tass» y era órgano oficial del Estado soviético.
El directivo fue hallado muerto en su departamento de Moscú, con heridas de arma blanca en la garganta, luego de que su chófer lo esperara en vano durante tres horas en la puerta de la vivienda para llevarlo al trabajo, tras un período de vacaciones.
La semana anterior fue asesinado Aleksandr Plojin, gestor del Vneshtogbank, el segundo banco más importante de Rusia.
El 7 de octubre se perpetró el crimen que estremeció a todo el mundo: la periodista y defensora de derechos humanos Ana Politkovskaya murió acribillada a quemarropa en el ascensor de su casa.
Sobre este hecho, la policía dispersó ayer un mitin en memoria de la periodista, en la república de Ingushetia, limítrofe con Chechenia donde dos manifestantes fueron detenidos.
Luchas internas
La muerte de Politkovskaya, conocida por sus denuncias de los asesinatos, torturas, desapariciones y arbitrariedades que padece Rusia, y sobre todo Chechenia, hizo olvidar el asesinato, días antes, del vicepresidente del Banco Central, Andrei Kozlov.
A nadie, ni a los detractores más intransigentes del Kremlin, se les ocurría comparar el país del presidente Vladimir Putin con aquella Rusia de Boris Yeltsin, cuando los asesinatos de políticos, empresarios, banqueros y periodistas eran parte de la lucha por el reparto del poder y de la propiedad tras el desplome de la Unión Soviética.
Pero lo cierto es que ya nadie se siente seguro en Rusia, ni siquiera los banqueros, que pueden perder sus licencias o su vida en cualquier momento, ni hasta los embajadores occidentales.
Fuentes de la oposición, sin embargo, ven tras la nueva ola de violencia las luchas internas entre los clanes del Kremlin, que se preparan febrilmente para la batalla decisiva, cuando Putin abandone la presidencia en 2008.
Así, por ejemplo, opinaba Politkovskaya unas semanas antes de su asesinato, que aparentemente no se encuadra en su propio esquema.
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