12 de marzo 2004 - 00:00

"Si existe el infierno, debe ser parecido a esto"

Jóvenes valencianos se solidarizan con la castigada población de Madrid. Los atentados de ayer desataron una impresionante ola de solidaridad en toda España.
Jóvenes valencianos se solidarizan con la castigada población de Madrid. Los atentados de ayer desataron una impresionante ola de solidaridad en toda España.
Madrid - La conmoción, el luto, el drama y la rabia, lejos de inmovilizarlos, volcó a los madrileños a las calles para colaborar como voluntarios en los hospitales o para donar sangre. La gran afluencia de donantes obligó al Ayuntamiento de Madrid a habilitar varios colectivos de la Empresa Municipal de Transportes para trasladar desde la Puerta del Sol hasta el Centro de Transfusiones de la Comunidad a cientos de personas que hacían cola en la unidad móvil instalada en ese punto céntrico de la ciudad.

Al mismo tiempo, este diario presenció el drama en diferentes hospitales de la capital española. En el centro sanitario La Paz, por ejemplo, desde las 8 de la mañana (4:00, hora argentina), se comenzó a atender a las víctimas de esta masacre.

• Impotencia

Las caras de dolor poblaban los pasillos del centro sanitario y, en medio de un nutrido grupo de familiares y amigos, una madre explicó: «Están operando a mi hijo. Iba a Madrid a trabajar esta mañana». Su voz se quebró y sus ojos, secos de tanto llorar, eran una muestra clara del dolor, la impotencia y la rabia. El muchacho era uno de los tantos pasajeros de ese tren que nunca llegó a Atocha. Las autoridades confirmaron a Ambito Financiero que sólo aquí se recibieron 38 heridos, veinte de los cuales fueron dados de alta. Una mujer de 29 años, embarazada, falleció y todavía quedaban anoche trece pacientes muy graves.

«Si hay un infierno, debe ser muy parecido a esto»,
dijo uno de los sobrevivientes, que con la cabeza vendada,la ropa ensangrentada y la tristeza en el rostro dejaba el hospital para reunirse con su familia.

En la plaza de Conde de Casal, cercana a la estación de trenes de Atocha, también se congregaron cientos de ciudadanos que aguardaron pacientemente, más de una hora, para colaborar con las víctimas. Asimismo, el centro ambulante de Plaza de Castilla, en la zona norte de la capital española, no daba abasto para recibir las donaciones. Desde todos los puntos de España se sucedían las muestras de solidaridad y comunidades autónomas (regiones) como Castilla-La Mancha, Aragón, Cataluña, Andalucía y Navarra ponían a disposición de Madrid todos sus psicólogos, médicos y bancos de sangre.

El Parque Ferial Juan Carlos I se transformó en una improvisada morgue. Al recinto llegaban miles de personas para identificar los cuerpos, muchos de ellos mutilados, que habían rescatado las fuerzas de seguridad de entre los hierros y las vías. Para contener a familiares y amigos, algunos hoteles abrieron sus puertas.

Los vecinos del edificio de la calle Téllez, donde explotó uno de los trenes que se dirigía a la estación de Atocha, aún no salían de su asombro varias horas después del atentado. En medio de vidrios, ventanas rotas y caos generalizado, la frustración se mezclaba con la bronca. «Toda la casa tembló y cuando salimos vimos pedazos de hierro en las zonas comunes de la casa. Ha sido una masacre», cuenta un testigo, visiblemente afectado. Los restos de los vagones se encontraban esparcidos por las inmediaciones del lugar y se confundían con los cristales y las persianas rotas.

Las ambulancias no dejaron de circular durante horas por las calles Comercio,Ciudad de Barcelona y los alrededores de Atocha. Las escenas de pánico y angustia se sucedían una y otra vez.

• Providencias

La Policía evacuó las inmediaciones de la estación de trenes y los servicios desde y hacia Madrid quedaron cancelados. «Todos los días tomo ese tren, pero hoy preferí viajar en coche con mi marido, por mi estado», comentó algo aliviada a este diario Alma, embarazada de siete meses. La futura mamá, trabajadora social al igual que su esposo, viven desde hace algunos años en El Pozo, un barrio popular del sur de Madrid.

Ninguno de los dos logra explicarse qué ha sucedido, cómo ni quiénes se han enseñado con un grupo de trabajadores y estudiantes que suelen utilizar el servicio de trenes a esas horas de la mañana.

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