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Los sucesos más graves se han registrado en Petit Goave, al suroeste de la capital, donde emisoras de Puerto Príncipe han informado de la muerte de siete personas.
Ni la llegada de cientos de tropas estadounidenses, canadienses y francesas ni el ingreso de los insurgentes a Puerto Príncipe bastaron para apaciguar Haití y acordar la transición política tras la partida al exilio del presidente Jean Bertrand Aristide.
El toque de queda se volvió a aplicar la noche del lunes pero, igualmente, se escuchaban disparos y se veían incendios en varias zonas de Puerto Príncipe mientras en el sur del país se registraron saqueos.
La periferia norte de Puerto Príncipe continuó siendo escenario de pillajes y ataques de bandas armadas leales a Aristide, quien se exilió en República Centroafricana.
La policía, cuyos efectivos son insuficientes, intentó en vano restablecer el orden y fue desbordada por los milicianos pro-Aristide.
Las tropas norteamericanas y francesas parecían de momento limitadas a dar seguridad a puntos estratégicos como el aeropuerto, la sede de la presidencia, las embajadas y a ciudadanos extranjeros.
La ONU, en tanto, comenzó a procesar su decisión de integrar una fuerza multinacional para sostener la paz en Haití.
Las fuerzas estadounidenses, que según Washington son la avanzadilla de la fuerza multinacional, están a la espera de refuerzos, al igual que los legionarios franceses que aún no cuentan con equipos de comunicación y cuyos vehículos no han llegado.
Los franceses salieron del aeropuerto en un autobús escolar.
Las fuerzas extranjeras asistieron también a la entrada triunfal de los insurgentes liderados por Guy Phillipe, quienes el 5 de febrero se alzaron en armas contra Aristide y llegaron a controlar medio país.
"Vamos a tomar todas las medidas para controlar junto a la policía a los chimeres", como se conoce a los milicianos de Aristide, dijo uno de los jefes insurgentes, Ravix Remy.
Las organizaciones empresariales también pidieron a los rebeldes que intervengan para restablecer el orden pero ni la sociedad civil ni los insurgentes tienen mandato legal para una tarea de ese tipo.
Por su parte, el presidente interino Boniface Alexandre, quien por la Constitución relevó a Aristide, se ha mentenido en silencio.
La oposición política, tomada de sorpresa por la partida de Aristide, está examinando sus posiciones.
Los partidos políticos y las organizaciones sociales deberán hacer propuestas para la formación de un gobierno transitorio de "unión nacional".
La oposición se había opuesto a la insurrección armada y calificaba de "bandidos" a los rebeldes.
Sin embargo, ahora está revisando posiciones luego de la acogida popular que tuvieron los 150 rebeldes que ingresaron armados el lunes a Puerto Príncipe encabezados por su jefe Guy Phillipe.
Algunos líderes opositores quisieran asignarle a Phillipe un papel destacado pero otros están reticentes debido a la reputación del líder rebelde.
Está acusado de tramar dos intentos de golpe de Estado y entre sus hombres se cuenta Louis Jodel Chamblain, otrora responsable de los paramilitares del dictador Raoul Cedras (1991-1994).
Tras ser saludado por miles de personas en las calles, Philippe fue luego a un hotel en donde fue recibido por todo el espectro político haitiano: desde los sectores sociales y militares que respaldaron el golpe de 1991 hasta políticos de la izquierda clásica.
A la incertidumbre sobre el nuevo rumbo político haitiano, se sumó el lunes la polémica sobre las circunstancias de la renuncia y partida al exilio de Artistide.
El ex presidente dijo haber sido secuestrado y obligado a renunciar en un golpe de Estado orquestado por Estados Unidos.
Pero la administración del presidente George W. Bush lo negó e insistió en que solo brindó protección a Aristide y le facilitó su partida al exilio en República Centroafricana.
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