Una góndola con algunas latas de leche en polvo, sobre todo para bebés, es un lujo en la Venezuela de hoy. El control de precios ha provocado un agudo desabastecimiento de productos de primera necesidad.
Caracas (enviada especial) - Las regulaciones de precios comenzaron en febrero de 2003, luego de un pico inflacionario. La lista original abarcaba cerca de 100 productos de la canasta básica, aunque para fines de 2007 ésta ya superaba los 700 artículos. Inmanejable. Fue cuando el ex ministro de Finanzas, Rodrigo Cabezas, reconoció que la misma lista se debía « regular» a sólo 20 artículos. Ese comentario, para un gobierno que no quiere ver sus errores, le valió una «renuncia por motivos personales».
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Los precios máximos, congelados durante cuatro años, trajeron desabastecimiento. Pollo, harina, azúcar, porotos, arroz, aceite y leche hoy son inhallables. Casi una película del canal «Volver» para nosotros, los argentinos. Como apunta Luis León, titular de Datanálisis, la consultora más prestigiosa de Venezuela, sólo para encontrar los alimentos de una dieta básica, una familia venezolana debe recorrer al menos siete establecimientos.
En el índice de inflación de 2007 (de 22,5%, cuando el Ministerio de Hacienda había previsto 11,7%), los productos regulados reflejaron 10,7% de suba, mientras los no regulados treparon 32,7%). Los precios de las bebidas alcohólicas y los cigarrillos, que a partir del año pasado sufrieron un fuerte aumento de impuestos, tuvieron un incremento de 78,1%. En cuanto a la escasez, hoy es de 60% para los alimentos en general, pero llega a 90% en el caso de la leche.
Encontrar leche es una pesadilla para los venezolanos. Si bien en enero, el precio del producto se ajustó en 37%, aún no es redituable para el sector lácteo del país, que hace rato reconvirtió el negocio a la producción de quesos, crema y mantecas premium porque a éstos no le ponen una lupa estricta.
El costo de la regulación
Para Chávez, la leche es un producto de conspiración política. «Que se olviden de quesos especiales, leche condensada y demás ' delicatessen' para la burguesía», fue hace 15 días el mensaje que dio a los productores mientras grababa al aire su programa «¡Alo Presidente!» desde un tambo modelo. «En vez de estar haciendo sólo quesos o llevándosela para Colombia, lo cual yo considero traición, están traicionando a su propio pueblo, ya que esa leche es primero para los venezolanos», señaló, y amenazó con expropiar las fábricas lecheras que vendieran leche por encima del precio máximo.
Hay que tener contactos e ingenio para conseguir leche. Los que viajan seguido al exterior, en vez de regresar con licores o whisky adquiridos en el free-shop, cargan con toda la leche que pueden soportar sus espaldas. «Este fin de semana me traje varias cajas de leche (en polvo, que es la presentación que más «rinde») de una isla del Caribe», dice, satisfecho, Alberto Federico Ravell, director ejecutivo de Globovisión. Las cajeras de los supermercados, por su parte, tienen un rol fundamental en la (rota) cadena de la leche. Ellas avisan, en voz baja, al celular de los clientes fieles que ha llegado una remesa del preciado producto. Esta cronista fue testigo de un llamado salvador de una de ellas, prometiéndole a un cliente las cuatro cajas reservadas, si las retiraba antes de la 6 de la tarde. En las urbanizaciones (barrios) de clase media, el Operativo Leche toma mayor envergadura. Cuando un vecino «campana» comprueba que se empieza a descargar leche en un supermercado, avisa a parientes y amigos, quienes prontamente organizan una «vaca» (se llama así también en Venezuela) de varios cientos de bolívares, con lo que llenan los baúles de dos o tres autos. Y después reparten.
Arriba, en los cerros de Caracas, están los «barrios» (villas miseria). Allí todavía esperan que llegue la leche a los Mercal, los mercaditos con subvención del Estado, creados para abastecer al pueblo con productos de primera necesidad y a precios accesibles. La escasez sí que es bolivarianamente socialista: la leche les falta tanto a los ricos como a los pobres. Final obvio para la escuela del Estado que controla e impide, y fija precios máximos.
En cuanto a la leche SanCor, que Néstor Kirchner acordó enviar a Venezuela en febrero de 2007 a cambio del rescate de la firma láctea (por u$s 135 millones), tuvo su primer embarque en diciembre pasado. Pero de apenas 500 toneladas. A fin de este enero, voceros de Mercal dijeron que la empresa argentina había remitido una remesa de 2.300 toneladas. En el acuerdo firmado hace un año, SanCor se había comprometido a exportar 8.000 toneladas, pero los aportes de leche argentina no alcanzan. Tampoco las remesas que envía Brasil. Así, Venezuela decidió cortar por lo sano y cerró con su nueva socia, Irán, la construcción de tres nuevas fábricas lecheras. Supone que así resolverá el trance.
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