Según Reed, Saddam propusonegociar y él le respondió:
Kichey admitió que sus órdenes eran
«Era claro que deseaba rendirse. Pensábamos encontrarnos con alguna sorpresa. No creíamos que fuese algo tan simple y por eso estábamos listos para combatir», precisó Kichey.
De acuerdo con el relato de Kichey, responsable de la operación-Amanecer Rojo, a última hora de la tarde del día de la captura, las fuerzas de EE.UU. consiguieron información sobre dos posibles escondites de Saddam, que aunque resultaron no ser el lugar en el que estaba, fue encontrado en las inmediaciones (ver aparte).
Para arrestarlo, los soldados debieron entrar en un agujero de dos metros de profundidad que en el fondo tenía un pequeño sótano en donde Hussein entraba agachado. Contaba con un ventilador y una ventilación para renovar el aire.
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