Juan Pablo II cumplió ayer una semana de internación en el policlínico romano Gemelli. La cuestión sobre su probable renuncia ocupó las páginas de los diarios del mundo. «El tabú de la dimisión del Papa circula en el Vaticano», indicó el milanés «Il Corriere della Sera». El periódico católico parisino «La Croix» criticó que «entre la transparencia y la opacidad se eligió la más inquietante de las soluciones:la verdad a medias». Ante las versionessobre la probable pérdida de la voz de Karol Wojtyla, reproducimos aquí parte de una nota del corresponsal en Roma del periódico madrileño «El País», Enric González, sobre dos hombres clave que ofician de voceros papales: el arzobispo polaco Stanislas Dziwisz y el periodista español Joaquín Navarro-Valls, destacado miembro del Opus Dei.
Juan Pablo II nombró en 1998 a su fiel Staszek, el nombre familiar con que lo llama (nadie más se permite tal confianza con el secretario), y le asignó la inexistente diócesis de San León.
Son bastantes quienes creen que el misterioso cardenal in pectore, nombrado por el Papa en 2004 pero de nombre no revelado, no es otro que Stanislas Dziwisz.
Dejá tu comentario