Brasilia (O Estado de S. Paulo, ANSA, EFE, AFP) - El ministro de Agricultura de Brasil, Roberto Rodrigues, quien proviene del sector empresarial, desató ayer una inédita crisis en el gabinete de Luiz Inácio Lula Da Silva al afirmar que se siente «avergonzado» por la posición de la Cancillería en las negociaciones sobre el proyecto del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
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En Trinidad y Tobago, en una ronda preparatoria de la reunión ministerial del ALCA de noviembre en Miami, los negociadores brasileños insistieron en no abordar ningún tema si no se trataba la cuestión de los subsidios agrícolas norteamericanos. Esa postura provocó disputas internas en el Mercosur, ya que Uruguay y Paraguay no la acompañaron, y fue criticada duramente por Estados Unidos, que acusó a Brasil de querer obstruir las negociaciones por el ALCA.
Rodrigues, un poderoso empresario del sector de agrícola brasileño, afirmó que Itamaraty (Cancillería) actuó en forma «rígida e intransigente» al no haber aceptado abordar todas las áreas en la negociación por el ALCA.
Para el ministro -que dijo haberse enterado por la prensa de lo sucedido en ese encuentro-la postura adoptada en Trinidad y Tobago por la diplomacia brasileña difiere de la asumida en las negociaciones de Cancún de la Organización Mundial de Comercio (OMC), donde lideró la formación del grupo «G-20 +» de países en desarrollo contra los subsidios al agro.
«El éxito de Brasil en Cancún -dijo Rodriguesfue resultado de una unión de fuerzas del gobierno y la iniciativa privada, liderada por Itamaraty. En cambio, en Trinidad y Tobago -agregó- los negociadores brasileños se mantuvieron distantes. Por eso quedé avergonzado con la falta de resultados también en la negociación del ALCA», afirmó Rodrigues.
Por el contrario, el canciller Celso Amorim, defendió la actuación de los negociadores brasileños en Trinidad y Tobago y sostuvo que hubo una « interpretación errada» de lo que sucedió, porque no es Brasil el que impulsa un «ALCA light», aseguró.
• Apuesta
«El Mercosur quiere un ALCA ambicioso -dijo Amorim-. El que comenzó sacando temas del ALCA fue Estados Unidos, que dijo que los subsidios agrícolas y el antidumping no serían parte (de las negociaciones). Estaríamos felices de que volvieran a colocarlos», agregó.
Para Rodrigues, como las negociaciones en el seno de la OMC « encallaron», y la lógica económica determina que se hallen mecanismos universales de comercio, la apuesta de Brasil debería haber sido de flexibilización en las negociaciones para la formación del ALCA y en el acuerdo del Mercosur con la UE.
«Ahora, el freno se consolida también para una negociación bilateral», opinó Rodrigues, para quien las dificultades en el ALCA revelan que «las heridas de Cancún no están cicatrizadas». David Fleischer, cientista político y profesor de la Universidad de Brasilia, marcó las diferencias entre Rodrigues y Furlan, por un lado, y Amorim, «que de todos modos es quien comanda las negociaciones», recordó.
Fleischer sostuvo que «en el propio sector privado brasileño hay diferencias en torno al ALCA, según el sector del que se trate, que puede o no ser perjudicado por la apertura comercial» prevista por el acuerdo.
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