Washington (AFP, EFE, LF) - George W. Bush enfrentará el 7 de noviembre una elección de mitad de mandato muy especial. Las persistentes polémicas sobre el rumbo que seguirá el gobierno y el modo de combatir el terrorismo en el mundo en la nueva era que iniciaron los ataques del 11-S centran en buena medida ese debate. Para el gobierno, un buen desempeño en esos comicios significará un aval a su estrategia. Por el contrario, un revés podría permitir a los demócratas recuperar el control sobre el Congreso, encarar con perspectivas hasta ahora insospechadas las presidenciales de 2009 y poner en cuestión varias políticas clave de la administración republicana. A continuación, los ejes del debate preelectoral en EE.UU.
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¿Está EE.UU. hoy más seguro que hace cinco años? El gobierno estadounidense gastó miles de millones de dólares desde el 11 de setiembre de 2001 para aumentar la seguridad en los aeropuertos, puertos y otras instalaciones sensibles.
«Todavía hay mucho por hacer», pero hubo «grandes progresos en cinco años», señaló recientemente Michael O'Hanlon, experto del Instituto Brookings de Washington.
Los esfuerzos de la administración Bush se concentraron en el sector aéreo. Los aeropuertos estadounidenses se dotaron de equipos de última generación para detectar objetos peligrosos y el organismo encargado de la seguridad en los transportes (TSA) adquirió un gran número.
En general, los optimistas señalan que la ausencia de atentados en el país desde el 11 de setiembre de 2001 es la prueba del éxito de la política estadounidense. Pero los pesimistas, como Peter Brooks, experto de la Heritage Foundation, destacan que Estados Unidos sigue estando «en la mira de los terroristas» y que la lucha contra la ideología difundida por Al-Qaeda no avanzó.
¿Es correcta la estrategia en la guerra al terrorismo? Con posterioridad al 11-S, Bush articuló una estrategia antiterrorista vista como adecuada por la mayoría de los estadounidenses. Sin embargo, una cierta sensación de parálisis, sobre todo en la guerra en Irak, ha ido modificando ese sentimiento colectivo.
La prensa liberal es muy crítica en este aspecto y contribuye a moldear el debate público. «Ahora se conocen los resultados de la reciente tentativa de la Casa Blanca de explotar el terrorismo con fines políticos», editorializó recientemente «The New York Times». «Se terminó la época en que los estadounidenses tenían miedo del miedo mismo», agregó.
Pese a esto, Bush sigue sosteniendo que el combate para proteger a los estadounidenses se libra en todas partes, tanto en Estados Unidos como en Irak y en el Líbano.
Cuando un periodista le preguntó si no había llegado el momento de cambiar de estrategia en un Irak al borde de la guerra civil, Bush le respondió que si los norteamericanos abandonaban Irak «antes de cumplir su misión, los terroristas nos seguirán hasta aquí».
En la noche misma de los ataques, Bush declaró que el país estaba «en guerra contra el terrorismo». Según sus propias palabras, tras esos acontecimientos, se convirtió en «un presidente de guerra». Así, la política exterior estadounidense y, en menor medida, la política doméstica se subordinaron a ese objetivo.
La necesidad de derrotar al terrorismo es invocada una y otra vez por Bush y los republicanos para enfrentar a los demócratas en las elecciones legislativas y evitar un penoso final de mandato del presidente.
Los demócratas han hecho de los problemas en Irak, donde murieron alrededor de 2.600 soldados estadounidenses, un tema central de la campaña y denuncian la pretensión oficial de poner en la misma bolsa la guerra en Irak y la «guerra contra el terrorismo».
Según las encuestas, el mensaje de los demócratas parece abrirse paso: no solamente 53% de los estadounidenses cree que haber iniciado la guerra en Irak fue un error, sino que 51% no ve ninguna relación entre esa guerra y la guerra contra el terrorismo, según un sondeo para «The New York Times» y la cadena CBS de televisión realizada a fines de agosto.
Entre el momento posterior al 11 de setiembre y la actualidad, la popularidad de Bush pasó, según Gallup, de cerca de 90%, un récord desde Franklin D. Roosevelt (1933-1945), a 40%, un umbral crítico para enfrentar elecciones, dicen los analistas.
¿Mayor seguridad o recorte de garantías individuales? La conmoción de los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono generó un consenso muy amplio de que debía priorizarse la seguridad interior de los Estados Unidos. Con todo, algo de ese consenso comenzó a resquebrajarse al difundirse las primeras fotos de talibanes capturados vestidos de naranja en diminutas jaulas al aire libre en la base naval estadounidense de Guantánamo (Cuba).
Cinco años después, cientos de detenidos en el marco de la guerra al terrorismo aún no fueron procesados y permanecen en Guantánamo -los más afortunados- o en prisiones secretas de la CIA, centros donde fueron sometidos a interrogatorios cuestionados por los sectores más liberales.
Más allá de lo que ocurre con los « combatientes enemigos», localmente hay más motivos para polémicas: los servicios de inteligencia tienen un programa de escuchas telefónicas sin autorización de la Justicia y el gobierno espía numerosas transacciones bancarias internacionales.
En junio, la Corte Suprema estimó que el presidente se extralimitó en sus funciones al establecer tribunales militares de excepción para dichos «combatientes enemigos», calificación dada a los detenidos en el marco de la «guerra al terrorismo» a quienes les fue negada inicialmente la Convención de Ginebra sobre derechos de los prisioneros de guerra. Luego, en agosto, una jueza federal condenó también por abuso de poder su programa de escuchas telefónicas sin orden judicial.
Presionado por los magistrados, el gobierno aceptó aplicar la Convención de Ginebra. Pero apeló la decisión sobre el programa de escuchas telefónicas y confía en que el Congreso restablezca en el próximo otoño boreal nuevos tribunales de excepción.
Cuestiones resueltas y pendientes tras el 11-S. La salud de los socorristas, una sepultura adecuada para los restos humanos mezclados con las ruinas de las Torres Gemelas y el enigma en torno a los desaparecidos son algunas de las grandes cuestiones pendientes cinco años después de los atentados del 11 de setiembre de 2001.
Al mismo tiempo, desde los atentados más mortíferos sufridos en suelo estadounidense, se han resuelto no pocas cuestiones conflictivas.
Las víctimas y sus familias han sido indemnizadas gracias a un fondo federal a cambio de renunciar a demandar a las compañías que se vieron envueltas (aerolíneas, seguridad aeroportuaria, etcétera). Además, la reconstrucción de la «zona cero», incluyendo el conjunto monumental que honrará a las víctimas, parece haber arrancado finalmente.