Mao, obrera en una fábrica de jabones de Shanghai, se había negado a abortar en 1988, y así dio a luz a su segunda hija. Embarazada por tercera vez, había aceptado abortar después de que se le prometió que no sería despedida. Cuando la intervención se llevó a cabo, la mujer estaba en el séptimo mes de embarazo. La promesa no fue cumplida y Mao fue despedida. Una vez en prisión, fue colgada por los pies varias veces y golpeada.
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