Los diputados italianos aprobaron ayer la controvertida «ley Gasparri» (apellido del actual ministro de Comunicaciones) que favorece la concentración de medios y da protección al imperio televisivo del primer ministro Silvio Berlusconi.
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El proyecto de ley preparado por el gobierno, que había tenido dos años de largo debate y fue rechazado por inconstitucional a fines del año pasado por el presidente de la República, Carlo Azeglio Ciampi, pone las bases para la privatización parcial de la estatal y poderosa RAI (Radio y Televisión Italiana), acelera la introducción de la tecnología digital y permite a partir de 2010 la propiedad de cadenas de TV y medios gráficos (Berlusconi es propietario de un holding donde hay radios y canales de TV; la mayor editorial, Mondadori, con diarios, revistas y libros; la distribuidora de films Medusa y la mayor agencia de publicidad del país), en contra de lo dispuesto actualmente.
Los beneficios para el emporio Mediaset de Berlusconi son amplios y variados: la RAI es fuerte competencia para la tres cadenas de TV privadas del magnate italiano (Italia 1, Canale 5 y Rete 4); salva a uno de los canales, Rete 4, de tener que pasar a ser satelital, con una pérdida que se ha estimado en unos 400 millones de euros; amplía las relaciones entre empresas del sector mediático, permitiendo la integración de Mediaset con Mondadori, de los diarios y semanarios con los canales de TV y las radios, lo que haría crecer los ingresos del holding en unos 1.000 millones de euros.
El proyecto de ley, que fue aprobado en votación secreta por 311 a favor y 246 en contra, deberá ser sometido próximamente al Senado, donde la coalición gubernamental Forza Italia goza de una cómoda mayoría y se da por descontada su aprobación final. Si bien hubo una férrea integración de la mayoría de los diputados del partido gobernante -lo que hizo decir a un opositor: «La única vez que está en pleno el oficialismo es cuando hay una ley que interesa a 'Il cavaliere' (por Berlusconi»)-, se destaca la veintena de disidentes de la Casa de las Libertades que se opusieron a este proyecto de características monopólicas. «Esta es una gran oportunidad de desarrollo y crecimiento no sólo para el sistema televisivo, sino también para la industria italiana», celebró Paolo Romani, de Forza Italia. Lo que fue contestado por el líder opositor, del Olivo, Piero Fassino: «Esto no resuelve los problemas del sistema de radio-TV del país, pero agrava su principal cáncer: la hiperconcentración en un único sujeto de un poder dominante, esto no sólo va contra la libre competencia de los medios, sino también contra el sistema, ya que reducirá el pluralismo y sofocará los potenciales crecimientos de nuevos emprendimientos mediáticos independientes» .
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