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14 de agosto 2007 - 00:00

Un gobierno cada vez más debilitado

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Whasington - George W. Bush, sitiado por sus adversarios, asiste a una serie de renuncias de sus colaboradores más cercanos, y la última, la de su eminencia gris Karl Rove, tendrá consecuencias más pesadas para el gobierno.

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La dimisión de Rove a un año y medio del fin de la presidencia de Bush confirma, según analistas, la debilidad en la que se halla el presidente en materia de asuntos internos.

Desde la derrota de los suyos en las elecciones legislativas de noviembre de 2006, Bush sufre una hemorragia de asesores. El secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, fue sacrificado por la impopularidad de la guerra de Irak, factor determinante de lo que Bush llamó «paliza» electoral.

El mandatario asistió luego a la partida de otro eminente estratega, Dan Bartlett, de los asesores en seguridad nacional J.D. Crouch y Meghan O'Sullivan, del director encargado del Presupuesto, Rob Portman, de la directora política Sara Taylor y de la asesora en asuntos legales Harriet Miers. Al igual que Rove, la mayoría invocó la voluntad de pasar más tiempo con la familia.

Los analistas subrayan que semejante éxodo es cualquier cosa menos excepcional al final de una presidencia. Pero la renuncia de Rove, quien intervenía en casi todos los asuntos presidenciales, plantea inevitablemente el interrogante sobre un cambio de política.

Bush bate todos sus récords de impopularidad, apenas 30% de los estadounidenses aprueba sus iniciativas, y enfrenta una cohabitación difícil con sus adversarios demócratas, mayoritarios ahora en el Congreso, con quienes mantiene una pulseada sobre la guerra en Irak.

¿Con el sacrificio de Rove estará Bush tratando de impulsar una nueva dinámica en su administración? ¿ Habrá cedido a las presiones de los miembros de su Partido Republicano, preocupados por el impacto de la caída en desgracia del presidente sobre las elecciones de 2008?

El analista Stephen Hess, de la Brookings Institution, lo niega terminantemente. «En ningún caso», confirma su colega Eric Davis. «Es como si el gallo pretendiera hacer aparecer el sol», dijo el propio Rove a la cadena de televisión CNN.

Ciertamente «la ausencia de Rove será un poco como Paul McCartney sin John Lennon. La música será diferente», declaró a la radio CBS News Wayne Slater, autor de una biografía de Rove, a quien Bush apodaba «el arquitecto».

«No habrá cambio en esta etapa. Cuando se llega al séptimo u octavo año (de gestión presidencial), los políticos ya no tienen casi nada para hacer», afirma Hess.

  • Influencia

    «Por otro lado, Rove era sobre todo asesor en asuntos internos y, con el Congreso bajo control de los demócratas, el presidente no puede apuntarse ningún éxito en ese ámbito», agrega. En lo que respecta a la política exterior, Rove no tiene ninguna influencia sobre ella.

    Según Hess, «el genio de Rove consistió en hacer elegir a Bush en dos ocasiones, pero no ha sido nada exitoso como estratega en el seno de la Casa Blanca».

    Davis tampoco aguarda un cambio de rumbo; a lo sumo, «un poco menos de flexibilidad en la reacción» de la administración frente a las realidades políticas, pero no un «cambio sustancial».

    «Creo que se trata de una señal más de que la administración está reducida a la impotencia; la dimisión de Rove es apenas un indicio más de que hasta la próxima elección pasarán muy pocas cosas en el frente interno», dice.

    «Si hay alguna política» de la administración hasta 2009, «será la política del veto», el arma más poderosa de que dispone Bush contra los proyectos de ley de los demócratas.
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