23 de diciembre 2003 - 00:00

Una imparable amenaza al liderazgo de EE.UU.

Nueva York - Durante décadas, Estados Unidos fue el único mercado masivo importante del mundo, ofreciendo a las empresas consumidoras más que suficiente para comprar volúmenes aún mayores de sus mercancías y servicios. La riqueza generada, en utilidades y salarios, hizo de Estados Unidos la nación más poderosa del mundo durante casi un siglo.

Pero ahora el mundo está atestiguando el nacimiento de un mercado masivo en China, cuyos 1.200 millones de habitantes representan la promesa de consumo a una escala mucho mayor que en Estados Unidos.

Esa perspectiva está aún a una generación o dos de distancia, dicen economistas, y supone que no la hagan descarrilar perturbaciones políticas o económicas. Pero una clase consumidora está creciendo rápidamente. Los chinos están comprando teléfonos celulares, refrigeradores, computadoras, automóviles, juguetes, muebles, televisores, aviones y ropa de diseñador en cantidades cada vez mayores. Conforme este mercado masivo se afirma, China se convierte en un problema para Estados Unidos no sólo por el éxodo de decenas de miles de empleos estadounidenses sino por el potencial de usar las economías a escala para conservar esos empleos, aun cuando los salarios chinos se eleven a los niveles estadounidenses.

China cada vez más puede desafiar las demandas estadounidenses, y le preocupan menos los efectos económicos. Hace días, por ejemplo, el primer ministro chino, Wen Jiabao, de visita en la Casa Blanca, de nuevo ignoró las súplicas del presidente George W. Bush para incrementar el valor de la moneda china.

Un yuan más fuerte haría más costoso para los fabricantes estadounidenses trasladar operaciones y empleos a China.

En Asia, China está suplantando a Estados Unidos como el principal socio comercial de varios países, incluido Corea del Sur. Un gran garrote en el liderazgo de EE.UU., aparte del poderío militar, ha sido la amenaza de aranceles y cuotas de importación; o impedir el acceso al consumidor estadounidense a los extranjeros. Pero con el ascenso de China como un mercado masivo alternativo, las restricciones estadounidenses a las importaciones de acero europeo o a los cítricos brasileños, por ejemplo, pierden potencia. ¿Por qué preocuparse tanto de ser excluido de Estados Unidos cuando China proporciona compradores más que suficientes?

•Similitudes

Como señaló el historiador económico Alfred Chandler, Microsoft e Intel se enriquecen hoy por las economías a escala al igual que hizo Ford Motor Co. hace casi un siglo con la línea de ensamblaje. Mil copias de Microsoft Word o mil chips de Intel salen de la línea en poco más de tiempo que los primeros 100, añadiendo sólo unos centavos al costo de la producción inicial. La invención y el desarrollo ya están pagados, y también la mayor parte de la mano de obra. Eso hace que vender toda esta producción sea críticamente importante. Si las ventas se elevan 20 por ciento al año en el mercado masivo chino y sólo 5 por ciento en el mucho más antiguo y más saturado mercado estadounidense, entonces crece la presión sobre Microsoft e Intel para hacer de China el centro de producción.

La productividad que resulta de las economías a escala -es decir, la creciente producción por trabajador-genera ingresos más que suficientes para pagar los salarios más altos y también engrosa las utilidades, una razón para permanecer ahí en vez de trasladarse a un país con salarios aún menores. La presión crece para trasladar la investigación y la comercialización de Estados Unidos a China.

La participación de China de la producción mundial de bienes y servicios casi duplicó desde 1991, a 12,7 por ciento, acercándose a 15,7 por ciento de la Unión Europea y a 21 por ciento de Estados Unidos, según el Fondo Monetario Inter-nacional. Ninguna otra nación se acerca a la expansión explosiva de China, la cual está generando poder adquisitivo para una fuerza laboral rápidamente creciente. India ha incrementado su participación en 33 por ciento desde 1991, pero sigue representando apenas 4,8 por ciento de la producción global total. La participación estadounidense, aunque evidentemente la más grande, no ha cambiado desde 1980.

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