Aunque esperada, la salida de la cárcel del ex general Lino César Oviedo cayó ayer como una bomba en la prematura campaña electoral paraguaya, alterando todos los pronósticos y abriendo una etapa de fuerte incertidumbre política.
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La caída de Alfredo Stroessner en 1989 supuso el fin de una de las dictaduras más largas de la historia de América latina, pero la transición democrática que comenzó entonces no estará completa hasta que una coalición opositora logre vencer en una elección al todopoderoso Partido Colorado, que gobierna desde hace 60 años. Esa alternancia, un concepto básico en cualquier régimen que se precie de democrático, era justamente lo que parecía a punto de concretarse en los comicios presidenciales previstos para el 20 de abril del año próximo. Hasta ahora...
Una encuesta divulgada el 1 de setiembre por el diario «Ultima Hora» de Asunción confirmó el liderazgo del ex obispo católico Fernando Lugo, con una intención de voto de 37,2%, seguido del todavía preso Oviedo con 29%. En tercer lugar aparecía, con 26,2%, el vicepresidente Luis Castiglioni, enfrentado a la cúpula del Partido Colorado, y recién en cuarto puesto la postulante oficialista, la ex ministra de Educación Blanca Ovelar, con 24,2%.
Desgajamientos
Oviedo y Castiglioni no son más que desgajamientos del Partido Colorado, lo que, sumado a la candidatura de Ovelar, demuestra que, si en la Argentina toda la política ha girado desde 1946 en torno al peronismo, en Paraguay ocurre lo propio con aquel partido.
El hecho de que la liberación de Oviedo haya sido decidida por un tribunal militar hace fácil entrever detrás de la movida la mano del gobierno. Según dijo telefónicamente a Ambito Financiero Marcos Cáceres Amarilla, columnista político del diario «ABC Color», «esto, evidentemente, pasó por (el presidente) Nicanor Duarte Frutos. Es imposible pensar que no tuvo influencia».
¿Qué busca el gobierno, entonces? «La figura de Lugo es muy fuerte dentro de la oposición, pero también cuenta con muchas dificultades. De hecho, UNACE (el partido de Oviedo, un desgajamiento del coloradismo) no lo apoyaba firmemente, por lo que ahora cabe esperar una división del espacio opositor y la aparición de una nueva alternativa».
Un dato: hace apenas dos meses Oviedo se negó a recibir en la cárcel a una delegación política encabezada por el propio Lugo, quien pretendía sondear un posible apoyo del ex general a su candidatura.
El fallo de ayer le restituye a Oviedo el derecho a hacer política, pero no a ser candidato, ya que su pena aún está vigente. Así, podría hacer campaña por un postulante propio, posibilidad que lo aleja aun más del ex obispo.
Los comicios serán en abril, pero en febrero vencerá el plazo para la presentación de las candidaturas, por lo que los tiempos para que la Corte Suprema revise el caso por el intento de golpe de 1996 y habilite plenamente a Oviedo son factibles aunque estrechos.
Sin embargo, esa posibilidad no parece figurar en los planes del gobierno. «La Corte puede tratar el caso inmediatamente, pero no creo que lo haga porque darle vía libre a Oviedo sería riesgoso para el oficialismo. Más allá de simpatías y antipatías, él tiene todavía poder y es un líder muy carismático», añade Cáceres Amarilla.
El escenario político queda, entonces, configurado de un modo complejo. Lugo renunció a su cargo como obispo porque la Constitución paraguaya impide postularse a la presidencia a los ministros de cualquier confesión, pero la dimisión fue rechazada por el Vaticano. Un intento, seguramente, de cerrarle el paso desde Roma a este hombre con discurso de centroizquierda, justificado en el rechazo del papa Benedicto XVI a que los hombres de la Iglesia se involucren en política. Una postura, dicho sea de paso, largamente ignorada en la Argentina sin que se conozcan protestas de la Curia.
Ultima palabra
Así las cosas, la candidatura del ex obispo al frente de una coalición de partidos opositores dista de estar asegurada. En ese caso, también, la «mayoría automática» de la Corte Suprema tendrá la última palabra.
Lo de Oviedo, se ha dicho, también está sujeto a demasiadas condiciones. No sólo su habilitación depende de los jueces supremos; también la posible activación de otras dos causas en su contra (por el asesinato del ex vicepresidente Luis María Argaña en 1999 y la posterior represión a siete jóvenes), las que podrían llevarlo nuevamente a la sombra.
¿Terminará convergiendo todo, otra vez, en el Partido Colorado? Final probable, si los humores sociales y las lealtades políticas no confesadas que desató la liberación del viejo caudillo no sacan antes al genio de su lámpara.
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