Berlín (EFE, Reuters) - En una revelación que vuelve a poner en tela de juicio los procedimientos de las fuerzas estadounidenses en la lucha contra el terrorismo -tras los atentados del 11 de setiembre- la revista alemana «Stern» aseguró ayer que el bombardeo de cazas norteamericanos, ocurrido el pasado 1 de julio en la región afgana de Uruzgan, en el que murieron 48 personas que asistían a una boda, no fue ninguna reacción a disparos desde tierra, sino un ataque planeado.
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Diversos testigos revelaron que tropas estadounidenses y afganas estaban en el lugar de los hechos antes del bombardeo, en el que según fuentes oficiales murieron 48 personas, entre ellas 25 de los invitados a la citada celebración.
Por su parte, un mediador que colaboró en la elaboración del informe de la misión de asistencia de la ONU a Afganistán (UNAMA) -que no se publicó- también aseguró que el ministro de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, mintió al decir que su departamento no había sido informado sobre el ataque. Testigos del ataque, como médicos afganos y funcionarios locales, afirman que los soldados estadounidenses se dedicaron a recoger los restos de granadas e impidieron que algunos de los heridos fueran trasladados a los hospitales.
Según varios sobrevivientes, los intérpretes de las tropas estadounidenses informaron sobre pistas falsas de confidentes afganos, detrás de los que supuestamente se esconde el gobernador de la provincia de Kandahar, Gul Agha, rival del presidente del gobierno interino afgano, Hamid Karzai.
La versión de «Stern» coincide con la del diario británico «The London Times», que, poco después del bombardeo, publicó que un informe preliminar de la ONU señalaba que la primera misión que visitó el lugar constató que fuerzas estadounidenses y sus aliados afganos llegaron al lugar y «limpiaron» las evidencias del ataque.