Una serie de atentados en Pakistán contra la policía dejó al menos 40 muertos
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Uno de los cuarteles de la policía, completamente destruido.
Pakistán, un país que posee el arma nuclear, fronterizo de Afganistán y aliado clave en la guerra de Estados Unidos contra el terrorismo, se vieron minado por ataques reivindicados o atribuidos a los talibanes en los cuales murieron más de 160 personas desde el 5 de octubre.
En Lahore, hombres armados con granadas y chalecos de explosivos atacaron una academia de comandos en el suburbio de Bedian, otra escuela policial en la zona de Manawan y las oficinas de la Agencia Federal de Investigaciones (FIA).
El centro de entrenamiento en el suburbio de Manawan ya había sido atacado el 30 de marzo por insurgentes que mataron a ocho reclutas policiales. Y el edificio de la FIA en Lahore había sido bombardeado en marzo de 2008, con saldo de 16 muertos.
El gobierno paquistaní aseguró que el país se enfrenta a una nueva guerra tras el incremento de los ataques en el corazón político del Penyab, lejos del centro guerrillero de la región tribal del noroeste.
"Están llevando a cabo una guerra de guerrillas. Primero fueron activos en el NWFP (la Provincia de la Frontera del Noroeste), ahora son activos en el Penyab. Son terroristas pagados para desestabilizar a Pakistán", declaró el ministro del Interior, Rehman Mali.
Antes de que los insurgentes fuesen dominados, la policía advirtió del riesgo de más ataques en Lahore, la capital cultural del país, donde se registraron varias ofensivas insurgentes desde marzo.
"Las operaciones de búsqueda continúan en diversos sectores de la ciudad. Hay amenazas de más ataques", dijo el jefe de policía de Lahore, Pervez Rathor.
El Movimiento de los Talibanes de Pakistán (TTP) reivindicó la mayor parte de los atentados que desde julio de 2007 dejaron más de 2.250 muertos en Pakistán.
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, se dispone a firmar una ley que otorga 7.500 millones de dólares para construir escuelas, carreteras e instituciones democráticas en Pakistán, como parte de una estrategia para desacreditar a los extremistas en Pakistán y Afganistán.



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