Una tregua sin logros trae paz sin respeto
Entre las grandes dificultades que encuentra, el alto el fuego que entró en vigor ayer en la frontera entre el Líbano e Israel debe sortear el escollo de que intenta imponer la paz tras una guerra de 33 días que no arrojó un ganador claro en el terreno. Y de que, paralelamente, los problemas de fondo que desataron el conflicto -la amenaza de los misiles de Hizbollah contra los civiles del norte de Israel, su monopolio de la fuerza en el sur del Líbano-quedarán para una incierta resolución futura. Así, no sorprende que la tregua esté siendo observada en general con escepticismo y que ya se vea salpicada por peligrosas escaramuzas. Más allá del ruido de algunas aclamaciones populares, la milicia chiita ha salido dañada, lo que, acaso, la vuelva más temible. Su líder, Hassan Nasrallah, minó las esperanzas de un acuerdo político definitivo al negarse a cualquier posibilidad de desarme. Pero debió aceptar el despliegue del ejército regular libanés en sus bastiones del sur del país, algo que no había permitido en más de 20 años de existencia. No sólo Israel y Estados Unidos plantean con firmeza la necesidad de su desarme. También lo hace ahora la Unión Europea (que suele ser severa con el Estado judío), convencida de que detrás de la amenaza de Hizbollah está el largo brazo de un Irán cada vez más imprevisible y con ambiciones nucleares. La neutralización de esa amenaza será un proceso notablemente complejo, pero esta vez Israel -aunque confundido por el hecho inédito de no haber podido imponer una solución militar rápida- cuenta con más aliados que antes. Esa es ahora su fortaleza.
-
Con énfasis en la guerra, el papa León XIV llamó en Pascuas a "elegir la paz" y alertó por la violencia
-
Video: colapsó una rueda de la fortuna y 37 personas cayeron al vacío en un parque de diversiones de la India
Soldados israelíes que regresaban
desde el Líbano mostraron
las banderas capturadas
a Hizbollah. La guerra
terminó sin un resultado militar
claro (arriba). Miles de libaneses emprendieron ayer el retorno al sur del
país, del que habían huido en medio de los combates. La ayuda
a esa población y la reconstrucción de la zona son desafíos
urgentes (abajos).
Respecto de los incidentes aislados, Snow se refería a la muerte de cuatro milicianos chiitas a manos del ejército israelí. «En todos los casos, los soldados abrieron fuego cuando se les acercaron hombres armados», indicó un portavoz militar hebreo.
Decenas de miles de libaneses desplazados por la guerra se dirigían hacia sus hogares en el Sur, saturando las rutas dañadas por los bombardeos. Los choferes hacían sonar sus bocinas a modo de celebración.
Ahmed Nassereddine llegó a la aldea de Shihabiyeh y descubrió que su edificio y una estación de servicio habían sido destruidos por un ataque aéreo israelí apenas 10 minutos antes de la tregua. «Gracias a Dios sobrevivimos. Las propiedades se pueden reemplazar, las almas no», dijo, conteniendo las lágrimas.
En el norte de Israel, los soldados que salían del Líbano eran saludados con abrazos y apretones de mano de sus camaradas. Las calles recobraron vida mientras los residentes salían de sus casas y de los refugios contra bombas.
«Me siento más seguro», dijo Johnny Wena, de 12 años, quien montaba su bicicleta por las calles de Metula. Haifa, Nahariya y otras ciudades afectadas comenzaron a despertarse después de más de un mes sin actividades. No obstante, Israel pidió a la población del norte del país que permanezca en los refugios como medida de precaución.
Por su parte, el jefe de operaciones en el Comando Militar del Norte de Israel, coronel Alon Fridman, informó que en el término de siete a diez días podrán replegarse del sur de Líbano las fuerzas que participaron en la ofensiva y cuyo número, en los últimos días de combates, ascendió a 30.000 efectivos.
La guerra dejó unos 1.200 muertos y 3.700 heridos en Líbano, en su inmensa mayoría civiles, desplazó a más de 900.000 personas, y los daños materiales se cifran en unos 6.000 millones de dólares, según las autoridades locales. En Israel, entre 300.000 y 500.000 personas fueron desplazadas del norte del país, unos 40 civiles fallecieron y al menos 116 soldados murieron en combates. Analistas indicaron que por el conflicto bélico, en 2006 se reducirá el crecimiento económico en un punto porcentual.




Dejá tu comentario