La misa del pasado sábado en la Basílica de Luján dejó varias polémicas abiertas. Sucede que, más allá de los cuestionamientos dirigidos a la figura del arzobispo Jorge Scheinig, quien terminó pidiendo disculpas por la confusión que generó el encuentro invitado “por la paz y la fraternidad de los argentinos”, se generaron otras discusiones.
La celebración tuvo múltiples aristas en su convocatoria. La portavoz del Gobierno nacional, Gabriela Cerruti, habló de un espacio para “reencauzar la convivencia democrática” mientras que, desde otros sectores, el llamado fue más concreto y se participó para repudiar el atentado sufrido por la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner en las inmediaciones de su casa en Recoleta.
Incluso ayer, el ministro de Desarrollo para la Comunidad bonaerense, Andrés “Cuervo” Larroque, redobló el llamado y aseguró que la misa “no va a ser la primera ni la última convocatoria”, Y agregó en declaraciones radiales: “Fue ecuménica porque acompañaron distintos credos y de carácter espiritual vinculado al corazón, que puede tener una interpretación política, pero no era una reunión de debate o disputa en un lugar emblemático como la basílica de Luján”.
Bajo este marco, las diferencias sobre lo ocurrido no fueron solo eclesiásticas. Y abrieron una ventana interna en el radicalismo bonaerense. Los intendentes Franco Flexas (General Viamonte) y Martín Randazzo (General Lamadrid) aceptaron la invitación de la ministra de Gobierno bonaerense, María Cristina Álvarez Rodríguez y se dieron cita en Luján. Y, desde el kirchnerismo, les cedieron un lugar preferencial, en la tercera fila, detrás del presidente Alberto Fernández.
“La grieta es un cáncer. Y eso no nos permite resolver los problemas importantes como la pobreza, la falta de trabajo o la corrupción. Y para mí, la fraternidad no es un principio olvidado. ‘Un amigo es uno mismo, pero con otro cuero’, como decía Atahualpa Yupanqui. La unidad siempre tiene que ser superior al conflicto. Si Alfonsín hubiese estado vivo habría estado sentado ahí también”, aseguró Randazzo, en diálogo con este diario.
Su par de Viamonte, Franco Flexas, también conversó con Ámbito y manifestó que “Yo tengo el deber de estar en aquellos lugares en los que se defienda la democracia”.
Pero claro. Como era de esperar, esta acción no cayó bien internamente. Es que, la gran mayoría de los jefes comunales no tomó la misma decisión. “Terminaron siendo parte de un circo kirchnerista en la Basílica de Luján. Fue una falta de respeto”, le dijo a este diario un diputado bonaerense que responde al oficialismo partidario en la Provincia.
Posicionamientos
De cara al 2023 hay ciertos cruces internos que algunos intendentes ya no quieren postergar. “La superestructura no tiene una propuesta y se viene perdiendo mucho tiempo. Tenemos que tener un candidato fuerte para el 2023. Yo me animo a decirlo, otros no. No tenemos una estrategia y los medios ya instalaron a los candidatos del PRO”, sostiene Flexas. Y agrega: “Basta de candidatos de CABA. Tenemos que tener en claro que el candidato tiene que ser un intendente”.
Sobre el mismo tema, Randazzo tiene su propuesta. “Veo un montón de intendentes que trabajan un montón y de los que aprendo mucho. Si el próximo gobernador no es un intendente, los jefes comunales tienen que estar acompañando porque tienen mucha experiencia en políticas de tierras, en generación de trabajo. Es mucho lo que tenemos para aportar”.
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