ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

17 de diciembre 2021 - 00:00

"Sin educación es probable que los sellos negros en alimentos no tengan los resultados esperados"

El investigador, escritor y docente universitario Federico Fros Campelo consideró que la normativa no tiene en cuenta "cómo las personas toman decisiones". Pide más educación en hábitos saludables y señala que si todo alimento es crítico, no habrá diferenciación

ver más

Federico Fros Campelo

La ley de etiquetado frontal aprobada en Argentina únicamente alcanza a los alimentos envasados, se centra en el exceso de nutrientes críticos y los evalúa solo en función de las calorías. Todo alimento que supere los umbrales establecidos para estos nutrientes críticos llevará un octógono negro de advertencia. Con la legislación aprobada, surgen dudas: ¿sirven este tipo de leyes para cambiar comportamientos? ¿Cómo se llevan los hábitos y la prohibición? Federico Fros Campelo, ingeniero industrial y especialista en ciencias del comportamiento, también autor de libros como “El cerebro del consumo” y “Nutrición (de)mente”, entiende que la legislación “debería considerar qué nos pasa a las personas cuando tomamos decisiones”.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Fros Campelo, además MBA por la Universidad de Nebrija (Madrid), investiga los procesos cerebrales involucrados en las emociones, la toma de decisiones, la educación, el consumo y la creatividad - recurriendo a disciplinas tales como las psicologías cognitiva/evolutiva, las neurociencias afectiva y social, y economía de la conducta. “Las advertencias pueden promover cambios de hábitos sustentables sólo si están acompañadas de otros estímulos alrededor, por ejemplo, educación nutricional permanente”, menciona.

P: ¿Cree que la ley de etiquetado frontal conseguirá sus metas de, por ejemplo, reducir la obesidad?

Federico Fros Campelo: Una legislación que tenga como objetivo reducir los niveles de obesidad y educar al consumidor debería contemplar mucho más que los nutrientes o ingredientes de un alimento. Debería tener en cuenta, por un lado, a la población: grupos etarios, nivel de ingresos, nivel de educación, accesibilidad a los alimentos. Y, más que nada, debería considerar qué nos pasa a las personas cuando tomamos decisiones. Por ejemplo, cómo funciona la tentación dentro de nuestras cabezas, a qué cosas les prestamos atención y a qué cosas no, cómo reaccionamos ante recompensas y castigos en lo inmediato, y cómo forjamos hábitos de largo plazo. Esto quiere decir que si lo que se busca son políticas públicas que tengan impacto eficaz para reducir la epidemia de obesidad, lo principal es entender cómo tomamos decisiones las personas.

P: ¿Cómo cree que influirán los rótulos en las tomas de decisiones de los consumidores?

F.F.C.: Las decisiones que una persona toma a la hora de elegir los alimentos que va a consumir no son algo salido de un repollo. No es verdad que, frente a una góndola, nuestro cerebro se comporta como si nuestras decisiones anteriores o el contexto no existieran. Lo cierto es que, aunque no nos demos cuenta, nuestra mente viene con una trayectoria tremenda que tiene un peso fuerte a la hora de decidir. Para nuestro cerebro, un rótulo informativo es una pieza más de información dentro de un tsunami de estímulos (información que conozco previamente del alimento, experiencias de sabor, aroma, textura y color, relaciones emocionales con el alimento y expectativas). Entonces, la gran pregunta de las ciencias del comportamiento es: tenga la forma que tenga y obedezca o no a una normativa, ¿puede un rótulo informativo competir con todo lo otro que nos pasa por la cabeza en el momento de elegir qué voy a comer? La respuesta es que, según la evidencia disponible, el deseo y las experiencias previas pueden pasarle por arriba a la valoración de rótulos informativos.

P: La mayoría de los alimentos tendrá etiquetado frontal de advertencia, ¿puede eso ir en contra del espíritu de la ley?

F.F.C.: La atención que prestamos o no a las cosas también debe ser considerada a la hora de diseñar políticas públicas. Una de las propiedades de nuestra atención es que resulta “diferencial”, es decir, les prestás atención a las cosas que son diferentes. Cuando las cosas permanecen iguales, cuando nada cambia, cuando los estímulos se prolongan en el tiempo y se hacen omnipresentes, ya nada llama tu atención. Si algo persiste sin afectarnos directamente, ya no constituye una amenaza y nuestra mente puede dejar de tenerlo en cuenta. Así como un aire acondicionado que está prendido sale de nuestro campo auditivo hasta que detectamos que se apaga, una sobreabundancia de etiquetas negras idénticas en todo lo que puedas agarrar en las góndolas saldrá de lo que consideramos “relevante” en nuestro campo visual. Nos terminaremos acostumbrando hasta naturalizar el etiquetado de modo que nos resultaría indiferente o indistinto. Así, los sellos negros de advertencia no promoverían cambios de consumo o de hábitos o de estilos de vida.

P: Suele mencionar el concepto de “nudges”, ¿podría explicarlo?

F.F.C: El concepto de “nudge” es relativamente nuevo y significa “dar un empujoncito” para inclinar a una persona a que decida por una cosa y no por otra, pero con dos premisas fundamentales: sin quitarle libertad y sin que el diseño del “empujoncito” sea imponente y aparatoso. Esto último significa que el factor debe ser simple. Un buen ejemplo de “nudge” en comedores universitarios sería que en el recorrido que el alumno hace para elegir lo que va a comer, los productos más saludables se expongan primero y en mayor cantidad que los productos con grasas saturadas, sodio y azúcares. Otro ejemplo es la oferta de combos de alimentos y bebidas más saludables con precios más accesibles. En principio, el etiquetado de alimentos en forma de advertencia pretende ser un “nudge”. Sin embargo, si consideramos de qué manera los humanos tomamos decisiones, lamentablemente es probable que el etiquetado de alimentos bajo la forma de sellos negros no tenga los resultados esperados.

P: ¿Cuál es la mejor manera de promover hábitos saludables?

F.F.C.: Hay que tener en cuenta el rol que juega lo emocional. Científicamente hablando y teniendo en cuenta cómo funciona el cerebro, son las emociones las que mueven las decisiones de las personas. Y lo que ocurre con la información nutricional, más allá de que esté en los envases de los alimentos, esté regulada o no, cobre la forma de sellos o de semáforos o la forma que sea, no deja de ser mera información. No hay transferencia emocional desde esa información hacia el consumidor. Está demostrado, en estudios de neurociencia, que las imágenes horrendas en las cajas de cigarrillos no son tenidas en cuenta porque lo que prima es el deseo por fumar por sobre la valoración de la advertencia. A nivel de procesos cerebrales, la tentación casi siempre le ganará a la información y, consecuentemente, la información tendrá poco poder disuasorio. Las advertencias pueden promover cambios de hábitos sustentables sólo si están acompañadas de otros estímulos alrededor, por ejemplo, educación nutricional permanente.

etiquetado-frontal.jpg

Unicef OPS y Fao piden que no haya retrasos para sancionar la ley de etiquetado frontal de alimentos.

P: ¿Alcanza con informar?

F.F.C: Cuando se trata de mejorar hábitos o cambiar comportamientos, la información no siempre es suficiente, y menos que menos cuando esa información es, además, incompleta. Por ejemplo, en la ley aprobada se habla de nutrientes críticos, pero no se hace referencia al resto de nutrientes que puede llegar a tener un alimento, muchos de ellos necesarios para una buena salud. Por eso, cuando una persona vaya al súper y vea, por ejemplo, un paquete de papas fritas y un yogur, ambos con igual sello (por ejemplo, alto en grasas), será difícil tomar la decisión más saludable. Las advertencias por sí solas no promueven cambios de hábitos.

P: ¿Por qué?

F.F.C: Ocurre que el abordaje para que esto suceda debiera ser integral e incluir educación nutricional permanente, que entre otras cosas incluya información de todos los distintos nutrientes que aporta un alimento. Por ejemplo, destacando tanto los nutrientes críticos en exceso como los nutrientes positivos esenciales cuyo consumo es necesario promover. También, tal vez, haciendo el equivalente de cantidades conocidas por la población (cucharitas, tazas, vasos, rebanadas, etc.). Supongamos que un cambio de comportamiento que buscamos es que un consumidor reduzca su consumo de azúcar o de sodio. Si tanto un queso con -por ejemplo- 50 mg de sodio por cada 30g (2 fetas o 1 rebanada) como otro con 100 mg se llevan ambos el sello negro de “Exceso en Sodio”, la advertencia no estimula el cambio de comportamiento. Podría ser convocante para la normativa que, en lugar de sellos, el sistema de advertencia sea algo parecido a un semáforo, cosa que se ha implementado en otros países. Ahora supongamos que otro cambio de comportamiento que buscamos es que el consumidor, independientemente de la cantidad de azúcar, aumente el consumo de nutrientes esenciales positivos (proteínas, vitaminas, calcio). No sería lo mismo que consumiera 100 ml. (medio vaso) de gaseosa que contuviese 7 gramos de azúcar, o bien el mismo volumen de yogur que contuviese esos mismos 7 gramos de azúcar. Porque, entre otras cosas, el yogur aporta esas proteínas, vitaminas y calcio mientras que la gaseosa no. Podría ser convocante para la normativa no sólo que el exceso de nutrientes críticos fueran motivo de símbolos de advertencia negativa, sino también que la presencia de nutrientes esenciales fueran motivo de símbolos de valoración positiva.

P: ¿Qué efectos cree, entonces, que tendrá la ley de etiquetado frontal?

F.F.C.: Creo que cuando pase la novedad de los sellos y se naturalicen, las personas tal vez sigan consumiendo lo mismo de siempre sin variar sus hábitos, pero con el agravante de considerar que todo es genéricamente malo. Esta posible narrativa interna de las personas es la narrativa a la que más le temo. Porque resulta una narrativa que nos hace retroceder casilleros, cuando lo que queremos es seguir avanzando hacia una mejor alimentación.

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias