15 de mayo 2026 - 17:07

Pymes de alimentos complicadas por la caída del consumo: suspensiones en Georgalos y atrasos salariales en La Salteña

La crisis afecta también los balances de las grandes empresas del sector, aunque cuentan con espaldas financieras y capacidad exportadora. Futuro incierto para las que dependen del mercado interno.

La importación de golosinas es otro de los factores que afecta los negocios locales de Georgalos.

La importación de golosinas es otro de los factores que afecta los negocios locales de Georgalos.

La caída del consumo masivo en la Argentina afecta casi sin excepciones a todas las empresas de alimentos, más allá del tamaño y la historia. Así lo reflejan los balances de las grandes compañías alimenticias y los conflictos que rodean las operaciones de las más pequeñas.

Mientras grandes jugadores como Arcor, Molinos Río de la Plata, Mastellone y Morixe muestran en sus resultados financieros el impacto de la retracción del mercado interno, el deterioro pega con especial fuerza sobre empresas medianas y pequeñas del sector, donde los márgenes son menores y el acceso al financiamiento resulta mucho más limitado.

En ese escenario aparecen dos conflictos que volvieron a encender alarmas en la industria alimenticia: la profundización de la crisis laboral en Georgalos y la delicada situación financiera de Alijor, fabricante de la histórica marca La Salteña.

En ambos casos, el desplome del consumo, la caída de ventas y las dificultades para sostener la operación derivaron en suspensiones, atrasos salariales y temores crecientes sobre la continuidad productiva.

El deterioro del mercado alimenticio ya había quedado reflejado en los balances trimestrales de las grandes empresas del sector publicados en los últimos días.

Tanto Arcor como Molinos, Mastellone y Morixe mostraron una fuerte presión sobre sus volúmenes vendidos, pérdida de rentabilidad y mayores dificultades para sostener márgenes en un contexto de consumo deprimido, tal como vino reflejando Ámbito.

Pero mientras las grandes compañías todavía conservan espalda financiera, diversificación de negocios y capacidad exportadora, el problema se vuelve mucho más dramático para empresas de tamaño mediano que dependen casi exclusivamente del mercado interno argentino.

Problemas para el dueño de Mantecol

Uno de los casos más delicados es el de Georgalos, histórica firma creadora de productos emblemáticos como el Mantecol, cuya planta ubicada en Victoria, partido bonaerense de San Fernando, atraviesa desde fines de 2025 un conflicto laboral sostenido.

La empresa ya había implementado el año pasado un esquema de suspensiones rotativas que alcanzó a la totalidad de sus 600 operarios, bajo el argumento de un “drástico derrumbe en las ventas”.

Ahora, la situación volvió a agravarse con una nueva ronda de suspensiones que, según denuncian los trabajadores, afecta incluso a delegados sindicales y empleados con más de 30 años de antigüedad.

Distintas fuentes gremiales y medios locales indicaron que la nueva etapa de suspensiones comenzó inicialmente con una tanda de 20 trabajadores alcanzados por el mecanismo previsto en el artículo 223 bis de la Ley de Contrato de Trabajo, que habilita suspensiones por fuerza mayor o falta de trabajo. El esquema contempla además una reducción del 20% de los salarios de los empleados afectados.

Desde el sector sindical sostienen que la empresa profundiza un ajuste que comenzó meses atrás y advierten que las suspensiones podrían transformarse en despidos si la situación productiva no mejora.

Dentro de la planta además crece la tensión por el alcance de las medidas sobre personal histórico y representantes gremiales. Trabajadores consultados por medios sindicales denunciaron que las suspensiones funcionan como un mecanismo de presión con la intención de reducir costos laborales en medio de la caída del negocio.

La empresa atribuye la crisis a la fuerte retracción del consumo y también al impacto de las importaciones de alimentos y golosinas, especialmente desde Brasil.

La apertura comercial, como también sucede en otros sectores, profundizó la competencia sobre productos nacionales y afectó especialmente a fabricantes locales con menor escala.

En el caso específico de Georgalos, la preocupación se concentra ahora sobre el futuro de la planta de Victoria. Delegados y trabajadores aseguran que las suspensiones podrían ser apenas una etapa previa a medidas más severas.

El clima se volvió todavía más tenso tras conocerse denuncias de empleados despedidos que cuestionan la existencia de una “falsa crisis” dentro de la compañía.

La Salteña, una marca con historia

La situación de Alijor, propietaria de la marca La Salteña, parece incluso más delicada. El Sindicato de Trabajadores de Industrias de la Alimentación (STIA) denunció que la empresa arrastra desde hace meses problemas financieros que derivaron en atrasos salariales, incumplimientos con proveedores y fuertes tensiones sindicales.

La crisis escaló en las últimas semanas luego de que trascendiera que la compañía mantiene deudas salariales acumuladas desde 2024 y enfrenta crecientes dificultades para sostener la operatoria. Distintas fuentes gremiales advierten que están en riesgo alrededor de 180 puestos de trabajo.

El deterioro de la empresa provocó protestas de trabajadores y reclamos del sindicato de la alimentación, que ya comenzó a plantear públicamente que la única salida viable sería incorporar un socio o encontrar un nuevo dueño para la compañía.

“No se puede trasladar el costo de la mala administración al bolsillo del trabajador”, señaló el Consejo Directivo del sindicato en un comunicado, en alusión a la gestión de los actuales propietarios de la firma.

Según denuncias sindicales difundidas en medios gremiales, los empleados sufren atrasos recurrentes en el pago de salarios y atraviesan una situación de fuerte incertidumbre sobre la continuidad de la producción.

El planteo sindical de buscar un nuevo propietario refleja el nivel de deterioro financiero que atraviesa la empresa y la preocupación sobre la viabilidad futura de la operación.

El caso de La Salteña tiene además un fuerte valor simbólico dentro del negocio alimenticio argentino. La marca logró consolidarse durante décadas como uno de los principales jugadores del mercado de tapas para empanadas y pastas frescas, con fuerte presencia en supermercados y comercios de cercanía.

Sin embargo, el derrumbe del consumo y el encarecimiento de costos operativos comenzaron a deteriorar la situación financiera de la compañía. A eso se suman dificultades para acceder al crédito y sostener capital de trabajo en un contexto de tasas elevadas y ventas deprimidas.

La combinación de caída del consumo interno y aumento de costos fijos empezó a afectar especialmente a empresas alimenticias medianas, que no cuentan con la capacidad financiera ni la escala de los grandes grupos del sector.

En los últimos balances empresariales ya quedó expuesto que incluso las compañías líderes enfrentan un escenario complejo. Los informes financieros de Arcor, Molinos, Mastellone y Morixe mostraron durante los últimos trimestres una marcada desaceleración del consumo, presión sobre precios y mayores dificultades para sostener rentabilidad.

En el caso de Morixe, por ejemplo, la empresa reconoció recientemente que el consumo continúa mostrando señales de debilidad y que el mercado interno permanece afectado por la pérdida de poder adquisitivo. Por eso, su apuesta principal en este momento pasa por su expansión regional e internacional.

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