Los incumplimientos se concentraron en las últimas semanas, mientras la vitivinicultura enfrenta mayores costos y una marcada caída de la demanda interna y externa.
Según registros oficiales del Banco Central, Bodegas Bianchi acumula 80 cheques rechazados por más de $1.012 millones.
La crisis de la vitivinicultura argentina dejó de ser una advertencia para transformarse en una secuencia de hechos concretos. Luego del concurso preventivo de Bodega Norton, ahora Bodegas Bianchi, uno de los nombres más tradicionales del vino nacional, quedó envuelta en una delicada situación financiera que encendió nuevas alarmas en el sector. El denominador común ya no es sólo la baja del consumo, sino una ruptura progresiva de la cadena de pagos que amenaza con extenderse.
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Según registros oficiales del Banco Central, Bodegas Bianchi acumula 80 cheques rechazados por más de $1.012 millones, concentrados en las últimas semanas de 2025 y comienzo de este año. Si bien la empresa aún figura sin atrasos formales en su deuda bancaria, el volumen de documentos impagos expone una fuerte tensión de liquidez, en un negocio cada vez más exigente en capital de trabajo.
El caso recuerda al reciente colapso financiero de Norton, que a fines de 2025 pidió concurso con pasivos superiores a u$s30 millones, más de 100 cheques rechazados y atrasos generalizados con proveedores. En el sector reconocen que aquel episodio marcó un antes y un después: lo que parecía un problema puntual empezó a leerse como una crisis sistémica.
Señales de alerta en una industria asfixiada
La situación de Bianchi se inscribe en un escenario donde los números dejaron de cerrar. Durante 2025, el precio de la uva subió con fuerza en Mendoza, impulsado por menores volúmenes y mayores costos productivos. Ese aumento fue trasladado a las góndolas en un contexto de consumo interno en retroceso, lo que derivó en una caída de ventas y un deterioro del flujo de caja de las bodegas.
A eso se sumó un frente externo cada vez más hostil. Las exportaciones argentinas de vino cerraron 2025 en su peor nivel de la década, con ventas por u$s661 millones, afectadas por el tipo de cambio real bajo, la presión de costos en dólares y la pérdida de competitividad frente a otros orígenes. El resultado fue una industria atrapada entre precios que el mercado no convalida y costos que no dejan margen para absorber pérdidas.
En ese contexto, Bodegas Bianchi mantiene una deuda financiera cercana a los $18.661 millones, con exposición en entidades como Banco Nación, Banco Provincia, Banco Macro y Banco Supervielle. Aunque hasta noviembre figuraba en situación “normal”, fuentes del sector advierten que la foto bancaria todavía no refleja el impacto pleno del deterioro operativo reciente.
BOTELLAS DE VINO
Las exportaciones argentinas de vino cerraron 2025 en su peor nivel de la década, con ventas por u$s661 millones.
El mensaje de la empresa y el temor al efecto dominó
Frente a la difusión de su situación financiera, la empresa buscó llevar tranquilidad al mercado. En un comunicado oficial, Bodegas Bianchi aseguró que “reafirma su compromiso con la transparencia y la buena fe” y que se encuentra trabajando en “una propuesta de regularización de todas sus áreas” para atravesar lo que definió como una “coyuntura excepcional” para la industria vitivinícola. Además, confirmó la apertura de instancias de diálogo con proveedores y acreedores para ordenar su situación sin afectar la continuidad operativa.
Sin embargo, el clima en la cadena productiva es de creciente preocupación. Productores, contratistas y proveedores de insumos advierten que una nueva caída de una bodega emblemática podría profundizar un efecto dominó, especialmente entre viñateros que ya operan con márgenes mínimos y escaso acceso al financiamiento.
Lo cierto es que la presión financiera ya obligó a la compañía a tomar decisiones de fondo. A mediados del año pasado, Bianchi concretó la venta de uno de sus activos más valiosos: una finca de alrededor de 100 hectáreas ubicada en San Rafael, histórica proveedora de uvas para la bodega y ligada a los orígenes de la familia fundadora. La operación, cerrada en torno a los u$s10 millones, permitió aliviar compromisos inmediatos, pero no alcanzó para revertir el deterioro general de la caja.
Lejos de tratarse de un caso aislado, en la industria vitivinícola reconocen que la desinversión de activos productivos empezó a convertirse en una válvula de escape recurrente frente a un modelo de negocios cada vez más tensionado. Con un mercado interno deprimido, exportaciones que pierden competitividad y costos que corren por delante de los precios, el margen de maniobra se achica incluso para bodegas de larga trayectoria. En ese marco, los episodios de Norton y Bianchi funcionan como señales de alerta de una crisis más profunda que parece recién estar comenzando.
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