Las exportaciones vitivinícolas argentinas continúan mostrando señales de recuperación durante 2026. Según el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), en mayo los envíos de vino al exterior crecieron 8,5% interanual y alcanzaron los 17,9 millones de litros, mientras que las exportaciones de mosto concentrado avanzaron 21,2%. El desempeño confirma la recuperación de los mercados externos luego de varios años de estancamiento y devuelve optimismo a una industria clave para las economías regionales.
En el acumulado de los primeros cinco meses del año, las ventas externas de vino aumentaron 15%, hasta los 85,4 millones de litros, y las de mosto crecieron 30,2%. El valor FOB conjunto de vinos y mostos superó los u$s317,8 millones entre enero y mayo. La mejora fue impulsada principalmente por los vinos a granel, que registraron un crecimiento de 61,9% en el acumulado anual, mientras que los espumosos avanzaron 35,6% y los vinos varietales mantuvieron una evolución positiva.
Sin embargo, el sector enfrenta desafíos estructurales para sostener esta recuperación. Entre ellos aparecen la caída del consumo de vino en mercados tradicionales como Estados Unidos y Europa, la creciente competencia de países productores como Chile, Australia y Sudáfrica, la necesidad de diversificar la oferta más allá del Malbec y la presión de los costos internos sobre la rentabilidad. A eso se suma el desafío de seguir construyendo marca país, abrir nuevos mercados y adaptarse a consumidores que demandan cada vez más calidad, trazabilidad y experiencias premium. Para analizar este panorama de la industria vitivinícola, Ámbito dialogó con Anne-Caroline Biancheri, Pedro Soraire y Diego Pulenta, quienes dieron sus perspectivas sobre el presente y el futuro de la hoja de ruta del vino.
Para Anne-Caroline Biancheri, de Bodega Antucura, una de las grandes oportunidades para la industria pasa por mejorar las condiciones de acceso a mercados estratégicos. En ese sentido, consideró que "un acuerdo comercial con Estados Unidos nos ayudaría muchísimo y nos daría mucha más competitividad frente a otros países como Chile". En ese sentido, puntualizó que "la Argentina nunca perdió competitividad frente a otros países productores", sino más bien lo contrario, dado que "permite producir buenos y excelentes vinos muchas veces a un precio menor que otros productores" del mercado internacional.
Biancheri nació al borde del mediterráneo, en la ciudad francesa de Marsella. En Mendoza encontró su lugar en el mundo hace más de 30 años cuando vino al país sigueindo su proyecto de vida. Fue ahí en esas vueltas del destino que creó la bodega y hotel boutique Antucura en Vista Flores, Tunuyán, en la provincia de Mendoza, una de las zonas más importantes para la producción vitivinícola. Apasionada por el vino, señaló que en la actulidad "México es un mercado con mucho potencial" para ampliar los horizontes de las exportaciones. Remarcó que es indispensable contar con importadores y distribuidores para sostener el crecimiento exportador. A ello también sumó un factor crucial: la comunicación, puesto que "Argentina debe mostrarle al mundo que es mucho más que Malbec".
anne caroline biancheri antucura
Con foco en vinos precisos y equilibrados, Anne-Caroline con Antucura amplía su portfolio premium y profundiza una filosofía que combina inspiración francesa con identidad mendocina.
Andrea Albertano
Para la fundadora de Antucura, "el desafío es comunicar la diversidad de vinos que produce Argentina más allá de su cepa insignia", lo que permitirá ganar más lugar en los mercados internacionales. Recientemente, la bodega presentó un nuevo Pinot Noir Single Vineyard y renovó su línea Colección, dos lanzamientos que refuerzan su apuesta por vinos elegantes y frescos. "Podemos tener al Malbec como variedad emblemática, pero el país tiene mucho más para mostrarle al mundo. Para ganar mercados, Argentina necesita comunicar mejor la riqueza de sus viñedos y sus blends", destacó Biancheri.
La Patagonia como marca global y el desafío de consolidar una región vitivinícola
Pedro Soraire, director de Bodega Malma, puso el foco en el valor estratégico que adquirió la Patagonia dentro del mapa mundial del vino. Aseguró que, a diferencia de lo que ocurría hace dos décadas, hoy la región cuenta con una identidad geográfica reconocida internacionalmente y genera interés en mercados que buscan productos con origen diferenciado. "La oportunidad hoy es que tenemos un origen muy bien apreciado por todo el mundo", enfatizó. Como prueba de ello, indicó que "en la actualidad exportamos a más de 20 países en todo el mundo".
La marca es un sentido de pertenencia y presencia tanto a nivel local como internacional. Bodega Malma nació en San Patricio del Chañar, Neuquén, de la mano de la familia Viola, pionera en el desarrollo del principal polo vitivinícola de la Patagonia. La bodega surgió tras la recuperación y relanzamiento de la ex NQN en 2019, aunque sus raíces se remontan al proyecto que impulsó el crecimiento de la vitivinicultura en la región desde fines de los años noventa. De ahí el nombre Malma, que significa "orgullo" en mapudungun y refleja el vínculo de la familia con la tierra patagónica. "Hoy ya existe una categoría de vinos patagónicos", agregó Soraire, desde ese sentido de amor propio por las tierras del sur argentino. "La marca Patagonia tiene una enorme ventaja: está asociada a naturaleza, aire libre y pureza".
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Desde San Patricio del Chañar, Malma impulsa el posicionamiento internacional de la Patagonia vitivinícola con vinos de alta gama y una fuerte identidad regional.
Malma
No obstante, advirtió que el principal desafío sigue siendo consolidar el posicionamiento de la región como productora de vinos de alta gama: "Somos pocas bodegas de la Patagonia con capacidad de exportar de manera sostenible en el tiempo", precisó. De ahí que "el desarrollo de San Patricio del Chañar permitió que la Patagonia se consolidara como una nueva región vitivinícola". El reto para Soraire es, entonces, "seguir posicionando a la Patagonia como productora de vinos de altísima calidad", para consolidar esa identidad "en un mercado global cada vez más competitivo donde el origen se convirtió en una ventaja estratégica", expresó.
Calidad, innovación y vínculos de largo plazo para competir en el mundo
Para Diego Pulenta, director de Bodega Pulenta Estate, la construcción de relaciones comerciales duraderas se transformó en un activo estratégico. Por eso considera fundamental que la propia familia participe activamente en ferias, degustaciones y encuentros internacionales, aportando cercanía, autenticidad y confianza a la marca. "La calidad es un valor innegociable", dijo, en una frase que resume el sentir de la producción vitivinícola. "Muchas veces implica resignar márgenes para preservar la calidad del producto, por eso la confianza del consumidor es uno de nuestros principales activos", subrayó.
Pulenta Estate nació en 2002 de la mano de Eduardo y Hugo Pulenta, herederos de una de las familias más tradicionales de la vitivinicultura argentina. Tras vender la histórica compañía familiar a fines de los años noventa, decidieron apostar por un proyecto propio enfocado exclusivamente en vinos premium, desde su finca en Alto Agrelo, Mendoza. "Los consumidores buscan cada vez más autenticidad y una conexión más profunda con lo que eligen", explicó Diego, quien es cuarta generación de productores vitivinícolas que llevan adelante una tarea que combina tradición, innovación y una fuerte orientación exportadora. "El valor de una marca se construye a largo plazo", agregó.
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Pulenta Estate sostiene una estrategia basada en vinos premium, inversión constante y una relación cada vez más cercana con consumidores que buscan autenticidad y experiencias.
Pulenta
El desafío de la apuesta por el tiempo pone en relieve la importancia de los resultados. "El futuro de la industria también pasa por animarse a investigar y descubrir nuevas posibilidades", destacó Pulenta. Allí aparecen las oportunidades: "No buscamos vínculos transaccionales de corto plazo, sino relaciones duraderas basadas en la confianza", precisó el director de Pulenta Estate, dado que "la presencia activa de la familia sigue siendo un elemento diferenciador que fortalece la confianza y consolida las relaciones comerciales".
Las miradas de los productores y la bodegas convergen en un punto central: el futuro de la vitivinicultura argentina dependerá menos del volumen de producción y más de la capacidad para diferenciarse desde la transmisión de lo que se hace, de la cadena que finaliza en cada botella que se exporta. La calidad, la construcción de marca, la innovación y la apertura de nuevos mercados aparecen como las herramientas clave para sostener el crecimiento.
En un escenario internacional marcado por la caída del consumo en algunos destinos tradicionales y una competencia cada vez más intensa, las bodegas argentinas buscan aprovechar la recuperación exportadora de 2026 para consolidar una estrategia basada en valor agregado, identidad regional y vínculos comerciales de largo plazo.