Georges Marciano es un nombre muy conocido en la industria de la moda, ya que sus diseños innovadores para la época son utilizados hoy en todo el mundo. Sin embargo, tan talentoso como desconfiado y conflictivo, terminó perdiendo gran parte de los u$s500 millones obtenidos con su empresa.
De crear un imperio de u$s500 millones a convertirse en prófugo de la justicia: la caída del creador de Guess
El empresario tomó varias decisiones polémicas, entre ellas una que lo llevó a perder casi toda su fortuna y lo obligó a huir de la justicia.
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Tras crear una exitosa compañía, el empresario vendió su participación y, llevado por la desconfianza, tomó pésimas decisiones.
El fundador de Guess vendió su participación tras pelearse con sus hermanos, quienes también resultaron clave para la compañía. Tras esto, una serie de acusaciones contra sus exempleados generaron una bola de nieve de mentiras con su exilio final para escapar de la ley.
Quién es Georges Marciano y cómo se convirtió en millonario
Georges Marciano llegó a Estados Unidos con experiencia en la industria de la ropa, adquirida durante sus años en Francia. Ya instalado en Los Ángeles, en 1981 fundó Guess junto con sus hermanos Maurice, Paul y Armand. El negocio comenzó con los jeans, pero con una propuesta diferente a la que dominaba el mercado: modelos ajustados, lavados a la piedra y pensados como una prenda de moda.
Durante los primeros años lideró buena parte del diseño y fue responsable del estilo impulsado por la marca en la década de 1980. Con el tiempo, el catálogo se amplió hacia ropa masculina, prendas infantiles, relojes, perfumes y accesorios, mientras la firma iniciaba sus ventas fuera del país.
Las diferencias familiares aparecieron cuando el negocio manejaba cifras mucho mayores. Las discusiones sobre la administración y el futuro de la firma terminaron con la salida de Georges, quien en 1993 vendió a sus hermanos el 40% de sus acciones por cerca de u$s220 millones.
Con parte de esos fondos comenzó a comprar propiedades en Beverly Hills y Los Ángeles. Una de sus inversiones más rentables fue un edificio de oficinas adquirido por u$s27 millones y vendido en 2005 por u$s135 millones. Entre la moda, los inmuebles y otros bienes, su fortuna alcanzó los u$s500 millones.
Acusaciones de paranoia, juicios por difamación y deudas de millones
Los problemas comenzaron varios años después de su salida de la marca. Tras un divorcio conflictivo, antiguos empleados aseguraron el aumento de su paranoia y el control obsesivo hacia su personal. Llegó a instalar cámaras sobre los escritorios y programas para vigilar las computadoras.
En 2006 detectó la salida de u$s1,4 millones de sus cuentas durante el año previo. Su jefa de contabilidad presentó registros para explicar los gastos, pero él sostuvo la existencia de un robo y acusó también a dos asistentes.
La sospecha creció pese a los resultados de distintas revisiones. Varias firmas contables analizaron sus finanzas y un investigador del sheriff de Los Ángeles dedicó cientos de horas al caso sin hallar pruebas de desfalco. Tampoco hubo cargos del FBI, el IRS o la fiscalía.
Con el tiempo, la cifra denunciada pasó a ser de u$s413 millones entre efectivo, obras de arte y otros bienes. Marciano llevó a siete exempleados a los tribunales y gastó alrededor de u$s12 millones entre abogados, investigadores y contadores para sostener la demanda.
Los acusados respondieron con demandas por difamación y daño emocional. La postura de Marciano en los tribunales se volvió insostenible debido a su constante negativa a declarar, sus ausencias a las citaciones judiciales y el cambio de representación legal en más de 16 oportunidades.
Ante estas faltas reiteradas, la Justicia no esperó a un juicio convencional para evaluar las pruebas: le aplicó una "sanción de terminación" por obstrucción al proceso. El tribunal desestimó sus reclamos de forma directa, dio por probada su responsabilidad hacia los demandados y pasó a fijar los daños y perjuicios.
En 2009 llegaron los fallos finales en su contra. Las indemnizaciones alcanzaron inicialmente u$s425 millones y luego se reajustaron a cerca de u$s260 millones. Como su propio contador había calculado un patrimonio de u$s175 millones en bienes líquidos, las sentencias superaron por completo su capacidad de pago y precipitaron la quiebra.
Declaración de quiebra y una huida de la Justicia
Marciano apeló las sentencias, pero no presentó la garantía necesaria para frenar los cobros mientras se resolvían los recursos. Tres acreedores pidieron entonces que fuera declarado en quiebra involuntaria y consiguieron que el caso siguiera adelante.
Un administrador judicial pasó a controlar buena parte de lo que todavía tenía en Estados Unidos. La mansión de Beverly Hills fue embargada y puesta a la venta, el avión privado terminó vendido y también quedaron alcanzados vehículos, obras de arte y otras propiedades.
Parte de sus joyas, relojes y autos estaba en Canadá o había quedado en manos de terceros. Eso obligó a determinar qué podía ser incorporado a la quiebra para responder a las deudas que seguían pendientes.
También dejó de presentarse a las audiencias en las que debía dar explicaciones sobre su situación económica y desobedeció varias órdenes del tribunal. Ante esos incumplimientos, un juez federal lo declaró en desacato y emitió una orden de arresto en su contra.
Para ese momento ya había dejado California y se había instalado en Montreal. Allí retomó el negocio de la ropa con proyectos bajo su propio nombre, entre ellos Georges Marciano Ranch, y quedó ligado a LHotel, un hotel boutique del Viejo Montreal que también funciona como galería de arte.
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